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sábado, 2 de julio de 2011

Restless Farewell

No nos dieron siquiera tiempo para despedirnos del querido y habitual punto de reunión, quienes se "okuparon" de que nos clausuraran el chiringuito facebookero; ni menos, claro está, chance de recoger los triques, apuntar algunos teléfonos (con pluma y en la palma de la mano, clásico) y dejar pegada con Diurex la cartulina de rigor -"Chavos: nos vemos mañana en los alambres. Avísenle a la flaca"-.
Por supuesto, son chingaderas. Por supuesto; pero, no se crean, queridos censores, que les voy a echar en cara ni la mitad de las mariconadas que han hecho. Si la mezquindad de su infantil criterio les impide entender las reglas elementales con que se defiende una idea y se rebate la crítica, yo no tengo ganas ni paciencia para intentar explicárselas.
Más temprano que tarde, en el mismo espacio, o en cualquier otro, montaremos de nuevo nuestro tinglado. Y si sucede que la gente vuelve a prestar atención a nuestros señalamientos, quizás hasta podremos decir que salimos ganando.
Sin embargo, en cuanto a nivel de relevancia, ese "salir ganando" es algo totalmente secundario; pues, al menos para mí, y en vista de la obvia diferencia de poder político y de recursos entre ustedes y nosotros, lo importante es contribuir a levantar y mantener una red de canales de comunicación al servicio de la crítica pensante, antidogmática, y que de verdad se pueda llamar "universitaria", sin demagogia ni pose.
Supongo que están esperando que les discuta su "gol"; pero yo tampoco tengo la intención de hacerlo: me queda claro que se marcaron su "tanto", pues lo que se ve no se juzga, como dice el dicho. Aún así, yo no creo que tengan mucho qué celebrar, habida cuenta que el face de Auditorio Justo Sierra, con todo y sus mil y pico de "amigos", nunca fue más que una pequeña parte de esa red de la que he hablado, y a cualquiera que haya seguido la actividad de nuestra extinta cuenta, le queda claro que no son escasos los blogs, las columnas periodísticas y otros sitios electrónicos donde se analiza y comenta, cotidianamente, la nociva actividad de la seudoizquierda universitaria.
Y esos espacios -como este blog desde donde ahora escribo- no se han ido a ningún lado, ni se han visto perturbados, en lo más mínimo, por la desaparición de nuestro face.
No voy a ocultar -ni veo por qué habría de hacerlo- que a mí sí me ha dolido, y mucho, la puñalada trapera que nos han asestado, por todos los esfuerzos que se han perdido, sí, pero todavía más porque lo ocurrido me demuestra que cada vez hay menos puntos de contacto entre quienes creemos que la razón es la mejor herramienta para hacer frente a los inevitables problemas y conflictos de la realidad, y quienes creen que el "progreso" es un valor tan absoluto que se vale imponerlo a punta de fregadazos y a base de vergonzosos pactos en lo oscurito.
En este mundo en el que lo que impera es la mutabilidad, que una iniciativa llegue a su final no es nada extraño, y ése es mi pequeño anti-consuelo; al fin y cabo, para allá vamos todos y todo -nomás vean lo que le pasó a la "revolución permanente"-.
"Con el tiempo y un ganchito" -que diría Pedro Infante-, volverá, tal vez, nuestro andante "Auditorio" a sus virtuales caballerías. Ahora que, por otro lado, tal vez los paladines del progreso y la paz con justicia social confirmarán mañana, con nuestro silencio, si no la justeza de sus argumentos, al menos, la eficacia de sus artimañas.
Pero eso todavía está por verse... Y yo no les aconsejaría ser tan confiados.

viernes, 27 de mayo de 2011

C.C. José Narro, rector

PRESENTE
Mañana termina el semestre escolar en la Facultad de Filosofía y Letras, y pronto se dará incio al periodo vacacional. ¿No le parece, señor Narro, que es un buen momento para dejar de "estudiar el problema" de la ocupación ilegal del Auditorio Justo Sierra, y resolverlo?
De universitario a universitario, guardando las distancias que lo separan a usted, con sus títulos, distinciones y cargo presente, de un pasante como yo, quiero decirle que, si me indigna el despojo perpetrado por los individuos instalados en los espacios ocupados de mi facultad, más me irrita la indiferencia con que su administración observa los hechos.
A juzgar por la plétora de declaraciones suyas que la prensa nacional ha publicado, puedo imaginar que su inclinación política lo ha llevado a considerar que es indeseable proceder a desalojar, por medio de la fuerza, a los secuestradores (o "activistas sociales", como me parece que usted prefiere llamarlos). Por otra parte, también he llegado a especular que, de acuerdo con la experiencia que usted ha adquirido durante su larga carrera política, quizás considera riesgozo proceder como sería obligado que lo hiciera, de acuerdo con las leyes del país y de la propia normativa universitaria.
En ese caso, señor mío, quiero pedirle que demuestre su valor civil, y redacte un comunicado oficial en el cual haga explícita su determinación de permitir que el despojo continúe, junto con sus razones para tomar tal decisión.
Tal vez a usted le parezca que pido demasiado. Por mi parte, creo tener muchos argumentos para probarle que eso es muchísimo menos de lo que, con estricta justicia, tiene derecho a exigirle cualquier ciudadano.
Suele usted decir que hace falta un cambio de mentalidad para superar los numerosos problemas que aquejan al país; y yo estoy totalmente de acuerdo. Para empezar, necesitamos convertirnos en una sociedad habituada a cuestionar a sus funcionarios públicos, y a no aceptar evasivas por respuesta.
Y yo no le pido más que decir públicamente lo que está dispuesto a hacer y lo que no, en relación con el conflicto universitario que se desarrolla a pocos metros de su oficina.
Si quiere usted demostrar algo -más allá del discurso-, ésta es una excelente oportunidad.

sábado, 16 de abril de 2011

Mejor, pidamos que nos pongan donde de verdad no hay, a ver si aprendemos

Es cierto, los estudiantes de la UNAM (todavía) no tenemos (o tuvimos) que sufrir algunas de las pesadillas que plagan el sueño y la vigilia de estudiantes en otras latitudes. Cosas como, por ejemplo, los usurarios préstamos universitarios que, en los Estados Unidos, encadenan a jóvenes y padres de familia a pagar, durante años, mensualidades de espanto.

No por nada los gringos se la pasan importando profesionistas de otros países.

Por otro lado, en nuestro templado y feraz país, ningún estudiante, por "proletario" que sea, se ve obligado a enfrentarse a nevadas polares para llegar a sus clases, ni a "balancear" sus comidas con tres tristes verduritas.

Y no, señores okupas y asambleros, no estoy diciendo que vivimos en Jauja, ni que acá se amarran los perros con el proverbial chorizo. Lo único que afirmo -con cierta razón que me da la experiencia- es que, acá, la vida no ha tratado tan mal a los estudiantes.

Y hay otra consideración: la UNAM es una universidad de primera. OK, puede ser que estemos en el lugar no-sé-cuántos en la escala mundial de no-sé-quién; pero a mí no me cuentan en esto: el individuo que tiene la capacidad y la voluntad suficientes sale de estas aulas preparado, en la disciplina que quieran, para medirse con los mejores especialistas de aquí, allá o acullá.

Entonces, ¿a dónde voy con todo esto? Es muy simple: a que, si queremos verlo así, en la guerra, el mejor soldado es el que sabe sacarle el mayor partido posible a lo que tiene.

(Y la súbita aparición del lenguaje militar en este texto obedece a un motivo muy intencional: es el "idioma" que -supuestamente- entiende mejor la "comunidad progresista" universitaria).

Dicho con otras palabras, no hay mejor manera de garantizar el fracaso en cualquier "campaña" que desperdiciar los recursos que se tienen. Y yo me atrevería a afirmar que no hay, en todo el orbe, un país y una universidad cuyos abundantísimos recursos sean más estúpidamente dilapidados que en los nuestros.

Pondré el mejor ejemplo que se me ocurre de lo que digo: el comedor vegetariano y la cafetería que mantienen al "auditorio" Che Guevara de nuestra facultad.

Ahí, la situación es ésta: por el precio de una poco nutritiva "comida corrida", o de un cafesito, el irresponsable universitario "consciente" no está, por supuesto, compensándole a la UNAM el gasto de agua, luz y otros recursos ilegalmente acaparados por los "kolectivos". Y eso es desperdiciar. Pero hay algo peor: cada peso entregado a los culpables del despojo, es un apoyo material que prolonga la "vida inútil" de instalaciones vitales para el funcionamiento de nuestra facultad, una escuela responsable de buena parte de la excelente reputación de la UNAM.

Y lo que resulta de lo anterior es la evidente, paradójica y jodida conclusión de que hay un buen número de universitarios que, básicamente, le paga a una organización criminal para 1) entorpecer las actvidades académicas de la institución, 2) dificultar la convivecia y 3) malgastar recursos públicos. Y todo, ante la mirada indiferente de las autoridades.

Consideremos un ejemplo más: periódicamente, los llamados "exámenes tutelares" que se aplican en el posgrado de Ciencias Biomédicas -programa que, en su momento, se anunció como el experimento académico más avanzado de la UNAM-, ponen de manifiesto la pésima formación básica de la mayoría de los alumnos que, por ignotas razones, llegan a esos niveles de especialización. Y a pesar de la evidencia, ninguna autoridad ha dispuesto que se reestructuren los planes de estudio y los mecanismos de control de calidad en el área de ciencias médicas, con el objetivo de justificar el presupuesto que ejerce el instituto.

En resumidas cuentas, es por este tipo de cosas que, en este espacio, seguimos insistiendo que la comunidad universitaria debe adquirir la honestidad suficiente para reconocer que este país y esta universidad tienen muchos recursos, y que pertenecer a ellos tiene sus innegables ventajas. Y que nuestro mayor problema es que, hasta el momento, seguimos pasando de panzazo, cuando bien nos va, la materia de saber administrarnos.

domingo, 3 de abril de 2011

El Plan Universitario de Protección Civil

Iskra ("La Chispa") se llamó un famoso periódico revolucionario, fundado por Lenin, y su lema explicaba el título: "de la chispa nacerá la llama". La elección de esa palabra que, en su aspereza y brevedad, recuerda la acción del pedernal de un encendedor, me parece muy afortunada. Pero esa es una cuestión poética que aquí no viene al caso, lo reconozco. El hecho es que me acordé de este dato leyendo el artículo "Estudian recuperar el auditorio Che Guevara", aparecido en Milenio el 10 de junio de 2009, por aquello que, según la nota, "integrantes de la comunidad universitaria sostienen": "el desalojo también podría ser la 'chispa' que 'incendie' el campus".

Consciente de que aquello que en la prensa se suele denominar "comunidad universitaria" es, en general, el conjunto de individuos relacionados (directa o indirectamente) con la UNAM que simpatizan con la llamada "opción política de izquierda", no me sorprendería descubrir que el vocero de este "sentimiento popular" se hubiera acordado, al momento de confeccionar la metáfora, de sus lecturas de Vladimir Illich.

Por un momento, parecería que nos encontramos frente a una paradoja: ¿desde cuándo la izquierda le tiene miedo a los chispazos y subsecuentes llamaradas revolucionarias? Sin embargo, no hay tal contradicción: lo que sucede es que, como todos sabemos, las cosas han cambiado mucho en el panorama revolucionario -o quizás no tanto, pero eso ya lo veremos-: si no para todos, al menos para muchos izquierdistas mexicanos -sobre todo para aquellos que tienen su cómodo lugarcito asegurado dentro del "sistema" (profesores con chamba, alumnos matriculados y con aspiraciones a un buen puesto sindical, etc.)-, la "sociedad" ya superó la época de las revueltas y el revoltijo; ahora, la revolución debe ser encausada por hombres serenos y de razón -como el rector Narro-, por la vía ¿"institucional"? Ejem... dejémoslo en "ordenada y democrática".

Sin embargo, quizás yo esté, de manera inadvertida, cayendo en un ingenioso juego retórico. Y no es que dude que, en caso de que el "Che" se conviertiera en el epicentro de un terremoto revolucionario de verdad, más de la mitad de la "comunidad universitaria" saldría pitando hacia Europa o los Estados Unidos. Hasta estoy dispuesto a conceder que muchos izquierdistas de campus "detectan" cierta indefinible incongruencia moral y jurídica en las acciones delincuenciales de la okupa y que, por tanto, su "condena" es hasta cierto punto auténtica; pero yo creo que estas personas, cuando aconsejan "privilegira el diálogo" y "negociar, dialogar, convencer a los que están ahí", lo que más les preocupa es salvar la cara.

Si lo pensamos bien, la cuestión, para ellos, no tiene pierde: si alguien va y saca a empujones a los gamberros, y no pasa nada, todo se resuelve bien: la izquierda se libra de unos cuantos impresentables, que ya venían costándole mucho en términos de imagen pública, y se corrige algo que bien que saben que está muy mal; dos pájaros de un tiro. Y si la prensa empieza a gritar "¡represión, represión", ¿qué importa? Al fin y al cabo, ellos siempre estuvieron "a favor del diálogo", y los descalabrados no son su culpa.

Por otra parte, en el remotísimo caso de que la revolución prenda como reguero de pólvora, y no encuentren lugar en el primer vuelo a París o Nueva York, ellos ya compraron su seguro de supervivencia política: un recorte en el periódico que prueba que siempre se opusieron a la violencia institucional.

Es el mejor ejemplo de lo que los gringos llaman a win-win situation, y creo que a todos aquí nos encantaría estar en los finas zapatillas de la "comunidad universitaria", si no fuera por un pequeño detalle: que todo es pura hipocresía.

Me explico: tomar una posición ante este tipo de conflictos es como consumir una comida corrida: hay caldo de verduras o sopa de pasta: una o la otra. En otras palabras, no se vale "condenar" el robo de la okupa, y luego cruzarse lindamente de brazos; porque a eso equivale querer "negociar" (!) y "dialogar", para tratar de "convencer" a quienes, estando "ahí", tienen asegurados casa, comida y sustento. Para acabar, esos mismos que están "ahí" han dicho, muchas veces y en los términos más claros, que no se van a ir a ningún lado, llueva, truene o relampaguee.

Así que dejémonos de pamplinas "condenatorias": o la rectoría le coloca un enorme moño azul y oro al auditorio, y le regala las instalaciones a los haraganes que se las han apropiado, en contra de la razón y del derecho, para no "quemarse"; o manda llamar a la policía, y se compra unos cuantos trajes revestidos de asbesto -por si las dudas-.

¿Que el asunto es "delicado", dice usted, don José? ¿Que no hay manera de actuar sin comprometer la carrera? Hombre, ¡claro que todo eso es cierto! Pero, óigame, ¿acaso creyó usted que la chamba de rector nomás se trata de cortar listones? En ese caso, le pido perdón: usted no es un hipócrita. Lo que es, se dice con una palabra que prefiero no utilizar en este momento.

martes, 22 de marzo de 2011

Activismo atonal

En el cacofónico desconcierto de la vida universitaria, la nota más estridente la produce, diariamente, el instrumento ideológico que tañen, en ocasiones con furor, las más, con indolencia, los okupas, y que se llama "Auditorio Che Guevara".
Dice Carlos Mejía Godoy en "La guitarra y la mujer": "Hay mujeres por docenas, de noche como de día; y no todo el que la suena, le saca la melodía". Algo así se me ocurre decir de los espacios universitarios: pueden servir para muchas cosas, y pueden ser utilizados por muchas clases de personas; pero no da cátedra todo el que pisa un salón.
Los años transcurridos dan testimonio de que los improvisados músicos revolucionarios no han podido aprender el solfa de la autogestión, y su paupérrimo repertorio no ha pasado de las mismas cantaletas de siempre: las rimadas denuncias en contra del "imperialismo", el "capitalismo" y la "represión", compuestas muchos años antes que cualquiera de esos activistas naciera.
Yo me sé varias de esas letras de memoria, y en su momento, y en boca de quienes originalmente las entonaron (como Soledad Bravo, ¡válgame Dios!, ¿quién se acuerda ya de ella?), tuvieron su razón y su mérito.
El problema es que, en palabras de Pablo Milanés, "el tiempo pasa, y nos vamos haciendo viejos". Los hombres, lo mismo que las consignas.
Claro, claro, no tenemos ahora menos problemas sociales; pero recordemos lo dicho por Zitarrosa, en "Diez décimas de saludo al pueblo argentino", a propósito de "los poetas que hacen con torpes recetas canciones estrafalarias" (con el énfasis puesto en "recetas"). Hoy en día, agarrarse de las barbas de Mijaíl Alexandrovich, o echarse un trago puro de Vladímir Illich, no conduce a ningún lugar deseable para nadie.
Es cierto que a los revolucionarios "de antes" nadie les quita lo bailado; pero el mundo tiene ahora otros ritmos, que es necesario aprender.
Y nadie les dice a los okupas y asambleros que no canten "la canción que más quisieran"; pero, en la Universidad, hay que aprender a no interrumpir a los demás, y, en la medida de lo posible, a hacer una "canción con todos".
¿Cómo se consigue eso? ¡Pues con orden, compañeros, con orden! Y no, y mil veces no, eso no significa hacer "vergonzosas concesiones" ni "arriar las banderas" (pucha digo, Manolito dixit); significa, nomás, aceptar, como cualquier individuo que no es "ni más cuerdo ni más loco que cualquier hombre prudente" que el espacio no es infinito, como la quincena no es de goma.
A dónde pretende llegar la okupación, yo no lo sé; pero donde están es un muladar, y eso es inaceptable.
Vergüenza les debería de dar seguir desperdiciando el tiempo de todos, apropiándose de un espacio que no les pertenece, y dando la desafinada nota cada chico rato. Y la dicha de perder el tiempo, ya lo demostró el poeta, y lo cantó José José, puede servir para ganar una apuesta poética; pero es inicua por una buena razón.

lunes, 17 de enero de 2011

"Eliminacionismo"

El 9 de enero, el New York Times publicó una artículo de Paul Krugman titulado "Clima de odio", en el cual el columnista examina el aspecto político de la balacera en Arizona. Quiero reproducir el siguiente fragmento:
"El punto es que, en una democracia, hay lugar para la gente que ridiculiza y denuncia a aquellos con quienes no está de acuerdo; pero no hay lugar, en absoluto, para la retórica eliminacionista, para la sugerencia de que aquellos que están del otro lado del debate deben ser eliminados de ese debate por cualquier medio".

Si no me equivoco, los okupas han utilizado argumentos semejantes para acusarnos a los que estamos de este lado del debate de hacer uso de la "retórica eliminacionista" de la que habla el Nobel de economía. Por supuesto, el hecho innegable de que hay una evidente diferencia entre un debate y un auditorio, debería ser suficiente para cerrar la discución. Pero como no sucede así, creo que es necesario elaborar el punto.

La cosa me parece clara: de donde los queremos retirar es del auditorio; pero hay que apuntar que no aceptamos que esto se complete con la macabra frase "por cualquier medio". En absoluto: aún en el caso de que se tenga que utilizar la fuerza pública, el asunto se tiene que resolver de acuerdo a las leyes del país y a los reglamentos de la UNAM. Primero, porque de este lado nadie está a favor de entrarle a la cultura gansteril; y segundo, porque nos queda claro que cualquier irregularidad va a ser utilizada como pretexto para que se reanude la ocupación (y aún así, ya sabemos que tendremos que soportar los alegatos de mil y una "irregularidades" imaginadas).

En cuanto a lo que se refiere a eliminar rivales -ahora sí- de un debate, hay algunas cosas que aclarar. Por una parte, vuelve a haber una diferencia entre el hecho de que una persona se niegue a debatir sus ideas en una situación específica (en una "asambleaffyl", por ejemplo), y el caso de que esa persona llegue con una ametralladora a la reunión, o exija que se arreste a los cabecillas del movimiento y se les ejecute en plaza pública. Lo primero no es más que el ejercicio de un derecho individual, mientras que lo segundo se llama "cacería de brujas", deporte que, tengo entendido, fue muy popular en Salem.

Por otra parte, si por un milagro fuera posible que Narro cumpliera su palabra, y se abriera un verdader debate como parte de un proceso serio de recuperación (o intento de) del auditorio y de los demás espacios ilegalmente ocupados, nadie de este lado esperaría menos que ver que se presentara la comisión correspondiente en representación de los del otro lado. Pero aquí hay un "asegún" que nada tiene de "eliminacionista": cuando se trata de resolver controversias como la presente, en el debate hay lugar para quienes sean capaces de aceptar la posibilidad de perderlo, y no lo hay, de ninguna manera, para aquellos que van con la consigna de encontrar un foro más para exhibir sus irreductibles posiciones. De nueva cuenta, no se trata de pedir que los dejen fríos donde los encuentren; nomás es decir que no queremos que pierdan su tiempo y nos hagan perder el nuestro.

Y ahora sí, espero que hayamos quedado claros: por lo menos de este lado, nadie está proponiendo el "genocidio de la okupa". Lo que queremos es terminar con el despojo; por lo demás, lo que hagan los aktivistas con sus vidas, dentro o fuera de la UNAM, no podría importarme menos.

jueves, 6 de enero de 2011

Su(b)premacía

Hace unos días estuve leyendo varias mafufadas supremacistas (gringas en su mayoría); luego de lo cual, y mientras hacía esfuerzos por digerir el repugnante revoltijo (esta navidad, por culpa de los acaparadores, no tuve otro), ocurrióseme una conclusión que quisiera reutilizar en este espacio, para los fines que le son propios.

La conclusión es muy sencilla y, creo, evidente (tal vez, también trivial): que hay ciertos grupos de radicales inconformes (que ni a "libres" llegan), para los cuales, objetivos tales como "cambiar al mundo" o "derribar al capitalismo" valen mucho, mucho menos que seguir fabricando "razones" que les permitan seguir sintiendo chido sintiéndose chidos.

Y la característica que más pronto los delata (y que tiene una señalada "okupacionalidad") es lo "programático" de su pensamiento. A primera vista, uno podría pensar que el hecho de poseer la voluntad y la capacidad de "formular un programa de acción", indica que un determinado movimiento "va en serio". Sin embargo, la cosa se ve muy diferente si esos "programas" tienen el siguiente aspecto: "nuestro objetivo inmediatísimo es devolverle la universidad al pueblo; pero, primero, tenemos que publicar un manifiesto para ganarnos su apoyo; nomás que, antes, hay que conseguir un comedor subsidiado y copias a precios populares; lo cual significa que, ahorita, lo que procede es llamar a una asamblea democrática; y, para eso, es indispensable realizar una consulta universal; mas, obviamente, no hay manera de proceder si no empezamos por botear para obtener los fondos necesarios para encender este churro que tengo en la mano, nomás que el secretario de apropiaciones todavía está en el baño, y entonces..."

Y así nos podríamos seguir hasta que se cumplan, o las predicciones mayas, o las profecías bíblicas.

Y hay una notable diferencia entre "buscar el diálogo", por el puro gusto de "volverte a ver" (a ti, mi indispensable opositor, a quien tanto desprecio, pero que me haces tanta falta para sentirme bien acá), y querer sentarse a debatir, con un buen fajo de resultados a la mano.

La semejanza entre la Raza Super Blanca y los super-okupas es pasmosa: les encanta informale al mundo que son "superiores"; pero nada les desagrada tanto como tener que demostrarlo, en el terreno de los hechos.

Y esto me parece por demás comprensible: es su "mentira vital" -otra de mis chundas teorías-; es decir, es la auto-convicción de la cual depende su "razón de existir" (lo cual, en definitiva, no es sino ese pequeño empujón que todos necesitamos para no entrar en estado de coma existencial).

Todos tenemos, en mi opinión, nuestra "mentira vital" (o varias); nomás que en algunos casos ésta se manifiesta en un deseo incontrolable por marear a todo el mundo con choros interminables, y en una capacidad infinita para entorpecer la marcha de todo; y, en otros, simplemente es el atisbo de algo que quizás podríamos describir como un objetivo personal. Algo que, de tan íntimo, es absurdo pensar que podríamos imponerle a alguien más; y que sólo es útil y cabalmente comprensible para uno mismo.

El problema está en querer convertir en absoluto aquello que sólo puede ser parcial y relativo: mi "razón de vivir", mi "lucha", mi "mentira vital". Y es obvio -por lo menos, para mí- que el auditorio y el discurso de denuncia juegan un papel de gran importancia en la vida de los okupantes del Che, así como en las de muchos de sus simpatizantes. Y lo mismo se puede decir de la infatigable labor ideologizante de los supremacizos. Pero para ninguno de estos grupos son etapas de la construcción de nada, ni siquiera "preámbulos" para la acción. Más bien, son como la "labor" del lector ocioso que se entretiene escoliando cualquier texto, por el puro placer de sentir que le puede decir sus verdades al autor y ja ja ja. Y así puede pasarse diez años o cien, glosando sus lecturas, incapaz de escribir un libro con su "ingenio".

Por eso yo veo en el Che un monumento viviente (en el sentido en que se puede decir que está "vivo" un paciente comatoso), a la mediocridad supremacista.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Feliz año nuevo para el Auditorio

Ya falta poco para que empiecen a sonar las campanadas que anunciarán el inicio de otro año, y este colaborador quiere aprovechar la oportunidad para desearles a todos los participantes del blog y del Face una nueva década llena de satisfacciones.

En lo personal, el año que viene se antoja lleno de interesantes desafíos y buenos prospectos. Pero hay una cosa que me falta: más y mejores razones para esperar que en el 2011 podremos celebrar el fin de la ocupación ilegal de nuestro auditorio.

Diez años, creo yo, son suficientes para demostrar la irracionalidad y la esterilidad de un "proyecto" -por decirle de algún modo- que nunca dio muestras de ser otra cosa que el producto de un acto de vandalismo, y de las ganas de hacer política gandalla de parte de unos cuantos.

Intentar, a estas alturas, justificar la "labor" de la okupa es un ejercicio de ciega terquedad que sólo puede poner de manifiesto la peor de las inercias mentales: "lo que haga la okupa está bien porque son los buenos, aunque no haga nada".

Hay otras muchas victorias que me gustaría ver que los "activistas" intentaran alcanzar: abrir nuevas líneas de investigación, publicar libros, crear serios grupos de estudio... Demostrar, vaya, que tienen suficiente sal en la mollera como para "okupar" a la Universidad -intelectualmente hablando- y convertirla en la punta de lanza ideológica de la nueva revolución global.

Pero, si van a continuar vendiendo cafecitos, artesanías espurias y comida corrida chafa (lo cual equivale a aceptar que, en realidad, no pueden con el paquete), entonces es mejor que devuelvan las instalaciones. Para hacer lo que hacen, hay bastantes cruceros en la ciudad.

Y para los okupas que aun conserven alguna clase de compromiso auténticamente universitario, les deseo que el próximo año les depare muchos éxitos en sus carreras. Y que ojalá puedan entender que yo no deseo que cambien sus ideales, sino que consideren que lo mejor que pueden hacer por ellos no es seguir atrincherados en un cubículo, sino ser parte de una nueva generación de profesionistas, bien preparados para todo, hasta para cambiar al mundo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Pública, pública; pero no tanto (dice la Okupa)

La pregunta que hoy, otra vez, me hago es: ¿por qué, quienes no estamos de acuerdo con los postulados ideológicos de la okupa, tenemos que hacernos cruces pensando cómo recuperar lo que sabemos que pertenece a la UNAM?

Un principio de respuesta iría, creo, por el lado de que hay quienes se niegan a aceptar que aquello que se dice que "es de todos" (en el sentido de que es un bien público) no es, en realidad, propiedad exclusiva de nadie.

En otras palabras, estamos hablando de una propiedad "institucionalizada", cuyo uso tiene que estar sujeto a una serie de reglas muy claras, cuyo propósito es asegurar que su utilización reporte un beneficio social, lo más amplio posible.

En el caso particular del Auditorio Justo Sierra, las reglas a que hago referencia están contenidas en los estatutos universitarios, los cuales, por supuesto, no niego que sean perfectibles; pero considero absurdo pensar que, para hacer más "público" un edificio que ya lo es, haya que empezar por privatizarlo.

Y el hecho de que la Okupa alegue ser "más papista que el Papa" (es decir, más "pública" que la Universidad) no hace mayor diferencia: en último análisis, son un grupo de particulares, quienes, a título personal, proponen un uso alternativo del inmueble.

Las honduras ideológicas de los autores del despojo pueden ser tan profundas como el piélago más insondable de la historia de las ideas; pero nada de eso basta para negar que, a trancas y barrancas, y de la manera más "burguesa" e imperfecta que gusten y manden, la Universidad Nacional Autónoma de México es, desde hace muchos años, pública.

Sí, es cierto que hay quienes tienen más oportunidades de recibir y aprovechar los servicios públicos que ofrece la UNAM; pero eso no es culpa de la institución, y es situación que no se va a arreglar "okupando" sus espacios. La "culpa" de la Universidad es ésta: ser una universidad, un lugar donde el que puede (en todos los sentidos) se va a nutrir del conocimiento acumulado de la humanidad, y luego, si demuestra aptitudes, puede incrementar ese caudal.

"Para todo lo demás", como dice el comercial, está el congreso, los partidos políticos, los sindicatos y demás etcéteras.

Vuelvo a lo mismo: yo no veo la lógica en proponer terminar con una "dictadura" sustituyéndola por otra, cuando lo que nos interesa es (si es que eso es lo que de verdad nos interesa) acabar con todas las dictaduras. Sobre todo cuando, como ahora, nos queda claro que toda dictadura tiene por costumbre generar una aristocracia y, luego, vuelta a empezar -el "fenómeno Napoleón", por así decirlo-.

En este momento, tenemos un auditorio invadido por personajes que, unos más y otros menos, se creen Napoleón; lo cual es, definitivamente, una locura. Y yo, la verdad sea dicha, no soy tan optimista como Settembrini, ese personaje de Thomas Mann que consideraba que se podía "dialogar" con la locura hasta hacerla entrar en razón.

Si la Okupa ya decidió que no va a negociar los términos de su salida, allá ellos.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La policía en la otra esquina, por favor

Me parece que es necesario, de tanto en tanto, volver a subrayar el punto: ese esloganísimo tan querido por los aktivistas y simpatizantes del "autonomismo" universitario que reza "Dile NO a la policía en la UNAM", es la expresión sintética de una concepción (errada, en algunos, perversa, en otros) de la Universidad como ente extraterritorial (y, a veces, casi ultraterrenal), donde no aplican ni las mismas leyes naturales, ni las mismas reglas constitucionales que en el resto del país.

Tal vez, si lo que estuvieramos proponiendo, fuera contar con la presencia de un oficial armado en cada salón de clases, las 24 horas del día, yo podría entender las objeciones de los "libertarios" a ultranza. Pero, por supuesto, nadie está hablando de eso.

De lo que sí estamos hablando, es del hecho irrefutable de que la UNAM contiene, y es en sí misma, una enorme riqueza patrimonial que es propiedad del estado mexicano. Y tiene, además, la obligación de proteger y hacer buen uso de dicha riqueza.

Al parecer, la autoridad universitaria (con el gracioso -vaya chiste- consentimiento del sindicato) ha decidido sustituir -de manera que me parece injustificable, legalmente hablando- la presencia de los cuerpos policiales preventivos con una corporación de vigilancia interna: la famosa "Seguridad UNAM"; con lo cual, entre otras cosas, ha logrado solidificar aun más la ficción de que los universitarios vivimos en una burbuja de impunidad.

¿Estoy proponiendo que a los okupas "les echen la policía", por usar su colorida expresión -una de las tres que contiene su vocabulario-? Por supuesto que sí, y estoy en todo mi derecho de proponerlo, además, simplemente porque para eso existe la policía, para ir a poner orden donde la propiedad privada de cualquier ciudadano, o la propiedad pública de todos los ciudadanos, esté siendo atacada.

Claro, los abusos de la autoridad no son cosas que se deban tomar a la ligera; pero tampoco hay razón, ninguna en absoluto, para tolerar los abusos de la ciudadanía, por más universitaria que esta sea.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Unos días antes de la asamblea

Afilando sus argumentos -cual puñales-, los delegados estudiantiles esperan -tallando la hoja contra el esmeril de su creciente descontento- el día del "diálogo público" a tres caídas, sin límite de tiempo, con las autoridades. Esperan un combate formidable. La victoria definitiva, esperan.

Risss. Raz.

Quizás deberían escribir un soneto; aunque dudo que tengan tiempo para líricos caprichos literarios, pues los delegados del naciente movimiento seguramente apenas tienen tiempo para hacer todo lo que se requiere para mejorar la calidad de vida de los estudiantes universitarios.

¡Y se requieren tantas cosas para que uno pueda estudiar como dios manda!: comida, libros, copias (pero no cámaras de seguridad). Además, hacen falta mayordomos sindicalizados (graciosa concesión a favor de quienes nacieron para servirnos) que le limpien a uno los excusados, le saquen las copias, le preparen la comida (y se la sirvan) y den servicio en la biblioteca (pero que no le obstaculicen a uno su sagrado derecho de hacer lo que le dé la gana).

-El subjuntivo Credo Revolucionario, al parecer, sólo contiene oraciones medio pasivas y pronombres (o prohombres) no reflexivos-

Por fortuna, los delegados aun no se han percatado de que existe otro mundo de cosas que se necesitan para formar, no sólo a un buen profesionista, sino, en general, un ser humano decente. Cosas como cultura, responsabilidad, capacidad argumentativa, conciencia crítica, nobleza, honorabilidad... Porque, puede ser que uno no nazca "malo"; pero tampoco se hace uno bueno de la noche a la mañana,por ejemplo, cuando es admitido en una escuela de estudios superiores, por obra y gracia del Espíritu Santo.

Y digo que es fortuna, porque, de haberlo descubierto ya, esos pobres delegados estarían hoy al borde de un colapso nervioso, porque no hay amito que pueda mandarle a sus sirvientes, por más numerosos y sindicalizados que sean, que vayan, encuentren y le traigan ninguna de estas cosas.

Sin embargo, dicen los delegados, es necesario empezar por lo básico: "primero, que nos traigan la comida, los libros, las copias y los mayordomos agremiados, y después vemos qué onda con lo demás".

Yo dudo de la racionalidad del orden de sus factores: si le sirvo un plato de huevos rancheros, muy temprano en la mañana, antes de que se vaya a sus clases, a un mal estudiante, ¿puedo confiar en que va a convertirse en un buen alumno, digamos, a eso del mediodía?

Puesto de otra forma, ¿no sería más justo distribuir el subsidio que se pide entre quienes de verdad necesitan ayuda extra para hacer bien su trabajo, que es estudiar?, y ¿no sería más útil hacer del plato de sopa un incentivo para "activar" a todos aquellos alumnos que necesitan un "empujón" para cumplir con sus responsabilidades?

Y es una pena que tantos universitarios vivan convencidos de que es de fascistas hablar de disciplina, orden, responsabilidad. Y es una pena, también, que tantos universitarios vivan convencidos de que la mejor universidad es la que da más y exige menos. Y es una pena que tantos universitarios vivan convencidos de que ser joven -con perdón- es estar condenado (temporalmente, al menos) a ser pendejo.

En todo esto, sin embargo, se equivocan; sobre todo, en lo último: yo he tenido la fortuna de conocer a muchas personas, incluso muy jóvenes (y algunas muy viejas), críticas, inteligentes y discusitivas.

¿"Puros derechistas", dijo usted, señor Delegado? Ja ja ja, se equivoca una vez más: los hay, por si no se había dado cuenta, de todos los colores del arcoiris. Será que escasean en los círculos que usted frecuenta, y por eso tiene ideas tan simplistas a propósito de la naturaleza del hombre.

La complejidad humana, la suma de nuestras impredecibles e irrepetibles individualidades, es un tesoro, un legado que ha sobrevivido a todo: guerras, catástrofes naturales y tiranías de muy variada especie. Y a un sinnúmero de asambleas, también.

Dice el "movimiento" que su objetivo es luchar contra la pobreza, combatir la injusticia, acabar con la desigualdad. En otras palabras, quiere reformar a la humanidad, convertirla en una especie incapaz de crear o causar ninguna de esas cosas. Facilitarle (con un plato de sopa, unas copias y muchos sirvientes) su tránsito hacia ese estado (o Estado) en el cual nadie volverá a "portarse mal". Aunque el hecho es que el hombre amará y odiará, activa y alternativamente, su humanidad hasta el fin de su historia.

Pero el movimiento quiere convencernos de que puede hacer algo al respecto, armado con un puñado de patéticas reformas.

Mas el ser humano no es un producto rediseñable. Lo cual significa, en primer lugar, que tenemos que aprender a aceptar lo que somos y lo que hacemos, sea "feo" o "bonito", sea "malo" o "bueno".

Y, en segundo lugar, que lo único que podemos realmente hacer por nosotros es aprender a explotar mejor las capacidades que tenemos. Una en particular: la conciencia. Debemos crear las condiciones para que cada vez más sujetos puedan percibir y explorar la red que conecta a todos con todo. Una parte de esas condiciones son de naturaleza, digamos, "física" (la torta, los libros, las copias). Pero las hay otras, no menos importantes, de otra clase, como el orden y la disciplina, la exigencia y el compromiso.

El movimiento está pidiendo más facilidades para los estudiantes. Pero las facilidades, en ausencia de orden, disciplina, exigencia y compromiso, no son otra cosa que lujos, caprichos, prebendas.

Y ellos lo saben.

Manifiesto unitario

I.

(A propósito de la reciente encuesta de cinco puntos realizada por la asambleaffyl)
Yo, que soy una sola persona, y no mil setecientas cincuenta y cuatro (pero tan universitario, al fin y al cabo, como -creo- cualquiera de ellas), digo: estos resultados tienen tanta representatividad, como legitimidad tiene la "Asamblea FFyL". Es decir: ninguna.

Al menos para mí, que, repito, me asumo como uno, y no mil setecientos cincuenta y cuatro.

Y, lo que es peor, este "ejercicio" no puede siquiera presumir de tener congruencia; porque, en la opinión de este "desensamblado", aislado, a-representativo "yo", no hay nada más incoherente que el discurso que habla exigencias mientras calla responsabilidades.

Demande la "ASAMBLEA FFyL" (tan mayúscula, tan nutrida) lo que quisiere; pero que quede claro que no hablará por mí. Eso, jamás.

II.

Para la "ASAMBLEA FFyL" yo no cuento: no soy "sí", ni "no", ni "no sé", ni "nulo". Soy -si lo pueden entender- lo que está fuera del "TOTAL DE 2037 VOTOS" (rojos, rotundos, mayúsculos).

Vengo después de sus prolijas sumas y restas. Fui antes de sus convocatorias. Estoy, sin duda, por debajo de sus espectativas y me estimo por encima de sus consignas.

El punto ciego de sus análisis: no me pueden ver, pero, desgraciadamente, existo.

III.

Este manifiesto fue aprobado, por una/nimidad, el 17 de octubre de 2010, y ratificado hoy por la mañana, justo antes del desayuno, y no pretende representar el sentir de ningún colectivo; aunque, quizás, pueda ser su mensaje compartido por otros universitarios. Tal posibilidad no se descarta.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La fuerza de la ley y la ley de la fuerza

Este comentario es una respuesta a dos anónimos enviados a la entrada La okupa no está justificada, publicada por El Jefe el 3 de noviembre. Y aunque de primera instancia podría parecer que yo debí haberme limitado a añadir estas opiniones a la cadena de mensajes de la dicha entrada, espero que los lectores de este blog encuentren justificada mi decisión de redactar una nueva, dada la relevancia que, en mi opinión, tiene el asunto que voy a tratar.

Dice el primer anónimo: "Ya es hora de recuperar el Auditorio, pero sin violencia. Somos más", después de aplaudir el que "Ambrosío" "no busque la confrontación". El siguiente anónimo (que parece ser del mismo autor, aunque ahora la nota está "firmada" por "Josè L") "reitera": "¡somos más! ¡somos universitarios! queremos a la Universidad y nosotros mismos podemos sacarlos" (mis negritas), y termina recalcando: "es hora de actuar sin policía, bombas, porros, armas, ejércitos... siempre seremos más".

A partir de estos ejemplos -y de otros que podemos encontrar en discusiones pasadas en este blog-, es fácil descubrir que estamos ante un viraje argumentativo que señala la adopción de una (relativamente) nueva táctica por parte de los simpatizantes de la ocupación.

El primer punto de la nueva agenda es, indudablemente, "homologar" el uso de la fuerza pública con las ideas de "violencia", "ataque", "agresión", con el objetivo de "disuadir" a todos aquellos que consideramos que la intervención justificada de la policía en un caso como el de la ocupación ilegal del Justo Sierra (la flagrancia del delito creo que es observable -como perceptible es la fragancia de la okupa- a kilómetros de distancia), está en las antípodas de la "barbarie", el "salvajismo" y el "espíritu anti-universitario" que aterroriza -según ellos- a los anónimos pacifistas.

En segundo lugar, el nuevo "plan" busca animarnos a hacernos justicia por nuestra propia mano, y organizar un asalto popular al Palacio de Invierno de la okupa, seguido de un linchamiento de "activistas", cuyo éxito está garantizado, claro, porque "siempre seremos más".

En resumidas cuentas, se trata de una vulgar provocación.

Por supuesto, no se me escapa que "Josè L" dice que "[a]hora sólo hay que demostrarles en que estado tienen el Auditorio, sus malas actividades, su lucro, sus mediocres actividades lucrativas". Ciertamente, si tomáramos esta propuesta fuera de contexto, quizás la única crítica que podría hacérsele es la de señalar su inocencia, pues, como dice el refrán, "no hay peor sordo que el que no quiere escuchar", y vaya que los okupas se han preocupado de llenarse de cera las orejas (o se han cuidado de no sacársela). Sin embargo, no hay nada inocente en este tan civil llamado; antes lo contrario: de lo que se trata es, otra vez, de enredarnos en una infinita serie de "discusiones" con los culpables del despojo, para que esos sujetos puedan tener oportunidad de seguir distribuyendo sus proclamas, al mismo tiempo que se las dan de "democráticos". Negocio redondo.

Y no voy a pedir que nadie se engañe, porque no creo que alguien pueda caer en una trampa tan barata. Lo que sí voy a pedir, de nuevo, es que se acaben los anónimos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Un "no" (aunque sea uno) es demasiado

Sociócrates: Les queda claro que somos mediocres. ¿No es cierto?
Trashímaco (por todos los buenos): Sí.
Sociócrates: Les queda claro que somos cobardes. ¿Me equivoco?
Trashímaco (por todos los correctos): No.
Sociócrates: Les queda claro que somos poquitos. ¿Es así?
Trashímaco (por todos los sanos):Por supuesto.

Muy bien: está claro. Todo está muy claro. Pero, a mí me queda una duda (esto lo dice "Leyva", o Leyva, o "yo", o alguien): ¿por qué se preocupan tanto por lo que dicen unos cuantos cobardes, un puñado de mediocres, media docena de insulsos?

Sólo puede haber una razón: porque, para ellos, con uno sólo que piense diferente, es demasiado.

("Alguien" pasa la cicuta).

Un solo universitario "panista" es demasiado. Un solo universitario en contra de la okupa es demasiado. Un solo universitario que "denigre la otredad" -SILOGISMO ALERTA SILOGISMO ALERT...: si la okupa son los Otros, no hay otros "otros" ...A- es demasiado.

"Demasiadooo" (no lo pueden creer). "De ma sia do" (se atragantan). "¡Demasiado!" ("¡saquen a los niños, por favor! Mujeres y ancianos, primero").

Unanimidad + uniformidad + univocidad = universidad. El álgebra diáfana del progreso ortogonal. Pitagorismo político: "sólo se permite sumar conciencias con números reales; se prohibe sacar raíces cuadradas de números ideológicamente irracionales. Sopa del día: fideos".

"¿Dos se puede, señor fiscal?" "No, señor Falsósofo: 'dos', es demasiado".

Y no ser "uno" con la "mayoría" es peligroso, porque uno se hace automáticamente culpable de todo lo que la "mayoría" detesta: uno es filopanistacriptopriistaprotoperredistamediocretontolimitadomiopeintolerante nazifascistaburguésdesclasado"de derecha"(o "de Derecho")conservadorporfirianoestalinistafranquistapapistajudas(o judío)herejeysantiguado.

Y, lo peor, le va a las Chivas. Y eso está de Pánico (por ungulado).

Será por eso que democracia sólo hay una. Será por eso que como la UNAM no hay dos ("No puede haberla, no lo permitiremos").

La Asamblea Ática ya dio su veredicto. Se levanta la sesión.

Ahora, cantemos todos el himno monódico de la Revolución, Única e Indivisible.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Para despejar una ecuación...

(hace falta una poca de gracia, y otra cosita)

Reivindicar está de moda en la UNAM, todos lo sabemos; y para lograrlo se organizan asambleas, encuestas democráticas y diálogos públicos; se avientan piedras, se echan choros y se pegan carteles chicos y grandes, escritos con tintas de todos los colores del arcoíris. Pero, ¿con qué se come eso de "reivindicar"?

Dice el diccionario de la RAE que "reivindicar" es "reclamar algo a lo que se cree tener derecho" (mis negritas).

Me gusta la definición, y en torno a ella haré mi comentario.

Obviamente, lo que le pone sabor a esta definición es la sugestiva perífrasis verbal "creer tener"; porque una cosa es que a uno le parezca que tiene derecho a esto, a aquello y a lo de más allá, y otra, que puede ser muy distinta, que uno tenga argumentos para probarlo.

Tomando esto en cuenta, me parece que es claro que el orden de los factores de la "ecuación reivindicatoria" definitívamente afecta el producto, y dicho orden es el siguiente: primero, demuestro que tengo derecho de recibir algo, después, lo exijo y, por último, recibo una respuesta. Después, si la respuesta es negativa, entonces armo un alboroto de los mil demonios.

Ahora bien, en el caso concreto de las recientes peticiones estudiantiles, lo que los solicitantes tienen que demostrar es su derecho a que la UNAM les dé todo lo que están pidiendo.

Recalco: la UNAM.

Y hago esta aclaración porque, si lo que quieren es recibir comida, fotocopias y hartos libros, a precios ínfimos o, de plano, de gratis, por la sencilla razón de que existen; entonces, tengo que decirles que le están ladrando al árbol equivocado: esa obligación -si es que la hay- le corresponde a sus padres o tutores (o a ellos mismos, si deciden aceptar la misión). PERO, si insisten en que es la UNAM la que tiene que soltar el dinero (porque ellos son sus "estudiantes"); entonces, tenemos que considerar un par de cosas, antes de ponernos exigentes.

Para empezar, la UNAM no está obligada a darnos nada que no tenga relación directa con sus objetivos; lo cuales, en tanto que institución de enseñanza superior, se resumen en formar profesionistas de alto nivel.

Por otra parte, la UNAM no tiene hijos que mantener, ni puede tenerlos (mas que en sentido metafórico), por razones que me parecen evidentes.

Aclarado estos puntos, podemos proseguir. Si lo que se pretende es que la institución nos dé algo (comida buena, bonita y barata, por ejemplo), primero hay que demostrar que, al hacerlo, va a conseguir que sus objetivos se cumplan de manera más eficiente. Y no nos dejemos engañar con la lógica simplista de que "si el estudiante no come se muere"; porque alimentar a x o a y es cosa que no le compete a la Universidad, como ya hemos dicho; mientras que darle de comer a x o a y EN sus instalaciones y a SU costa, sólo se puede justificar si demostramos que, al hacerlo, está mejorando su rendimiento, como institución. Además, ojo, no hay dormitorios en CU, así que no hay peligro inminente de que algún estudiante perezca por inanición: los que vemos en el campus, de alguna forma se las están arreglando para comer.

Pero demostrar que los estudiantes necesitan aun más apoyos de los que ya reciben sería muy sencillo: bastaría con que los "colectivos" utilizaran su fabulosa capacidad organizativa y, durante un par de años, combatieran la deserción y el ausentismo, y aumentaran promedios e índices de titulación, con sus propios recursos.

Las consignas -ya que están tan acostumbrados a ellas- no podrían ser más simples: cuando puedas, comparte la torta, invita el café, rola el libro. Si alguien puede llevar una laptop, que la preste un rato (total, el internet, gracias a la RIU, ya es gratuito en la Universidad). Si tiene coche, que le dé un aventón a la "banda" hasta el metro (medida muy ecológica, por cierto). Si es chipocludo en alguna materia, que dirija un círculo de estudio.

Y eso, mis estimados, es darle la vuelta a la tortilla: hacer las cosas sin depender de la buena o mala voluntad de la "autoridad".

Finalmente, después de dos años de esfuerzos bien empleados, no quedaría más que la sencillísima tarea de organizar un encuentro con "los de arriba" para decirles: "señores, si quieren que todo siga funcionando así de bonito -y aquí están los numeritos para probarlo-, cáiganse con los siguientes subsidios".

Y si te mandan por un tubo, ¡qué importa! Ya sabes, 'ora sí, cómo organizarte, no para protestar, no para volarte un auditorio, no para hacer una marchita más, sino para hacer que las cosas pasen.

Pero por eso es que uno no ve revoluciones todos los días: porque pedir... siempre es más fácil.

miércoles, 7 de abril de 2010

Debut y despedida

El viernes 19 de marzo, nuestro camarada Daniel Leyva, nos envió este ilustrativo testimonio. Agradecemos su participación.

Debut y despedida

Paso a contar mi resobada anécdota: en el "gloriosos año" del '99, estuvo a punto de lograrse el estreno de una joya de la literatura dramática novo-hispana: "El Divino Narciso" (c. 1690), Auto Sacramental escrito por sor Juana Inés de la Cruz; bajo la dirección de José Luis Ibáñez, eximio "teatrero" de larga y distinguida carrera, y autoridad en el Siglo de Oro. Pero hubo un pequeño problema: el foro elegido para su representación era el Auditorio Justo Sierra. De hecho, el "estreno" sí tuvo lugar (según nos cuentan). Supongo que se trató de una suerte de "ensayo general", aunque sin vestuario ni iluminación. Pero eso fue todo; llegó la falange revolucionaria y, utilizando las palabras del son de Carlos Puebla, "mandó a callar". Así terminaron los días de labor académica del recinto -por cierto, recién remodelado y vuelto a equipar-. Ni modo; la obra que esperó 300 y pico de años para llegar a escena, tendrá que seguir soñando con las tablas desde las páginas impresas. Y todo, ¿por qué? Porque sí, porque así es la vida, y porque así lo decidieron, de común acuerdo, un grupo de oratunganes dizque "guevaristas", y las inanes "autoridades" universitarias.

-Daniel Leyva-