jueves, 6 de enero de 2011

Su(b)premacía

Hace unos días estuve leyendo varias mafufadas supremacistas (gringas en su mayoría); luego de lo cual, y mientras hacía esfuerzos por digerir el repugnante revoltijo (esta navidad, por culpa de los acaparadores, no tuve otro), ocurrióseme una conclusión que quisiera reutilizar en este espacio, para los fines que le son propios.

La conclusión es muy sencilla y, creo, evidente (tal vez, también trivial): que hay ciertos grupos de radicales inconformes (que ni a "libres" llegan), para los cuales, objetivos tales como "cambiar al mundo" o "derribar al capitalismo" valen mucho, mucho menos que seguir fabricando "razones" que les permitan seguir sintiendo chido sintiéndose chidos.

Y la característica que más pronto los delata (y que tiene una señalada "okupacionalidad") es lo "programático" de su pensamiento. A primera vista, uno podría pensar que el hecho de poseer la voluntad y la capacidad de "formular un programa de acción", indica que un determinado movimiento "va en serio". Sin embargo, la cosa se ve muy diferente si esos "programas" tienen el siguiente aspecto: "nuestro objetivo inmediatísimo es devolverle la universidad al pueblo; pero, primero, tenemos que publicar un manifiesto para ganarnos su apoyo; nomás que, antes, hay que conseguir un comedor subsidiado y copias a precios populares; lo cual significa que, ahorita, lo que procede es llamar a una asamblea democrática; y, para eso, es indispensable realizar una consulta universal; mas, obviamente, no hay manera de proceder si no empezamos por botear para obtener los fondos necesarios para encender este churro que tengo en la mano, nomás que el secretario de apropiaciones todavía está en el baño, y entonces..."

Y así nos podríamos seguir hasta que se cumplan, o las predicciones mayas, o las profecías bíblicas.

Y hay una notable diferencia entre "buscar el diálogo", por el puro gusto de "volverte a ver" (a ti, mi indispensable opositor, a quien tanto desprecio, pero que me haces tanta falta para sentirme bien acá), y querer sentarse a debatir, con un buen fajo de resultados a la mano.

La semejanza entre la Raza Super Blanca y los super-okupas es pasmosa: les encanta informale al mundo que son "superiores"; pero nada les desagrada tanto como tener que demostrarlo, en el terreno de los hechos.

Y esto me parece por demás comprensible: es su "mentira vital" -otra de mis chundas teorías-; es decir, es la auto-convicción de la cual depende su "razón de existir" (lo cual, en definitiva, no es sino ese pequeño empujón que todos necesitamos para no entrar en estado de coma existencial).

Todos tenemos, en mi opinión, nuestra "mentira vital" (o varias); nomás que en algunos casos ésta se manifiesta en un deseo incontrolable por marear a todo el mundo con choros interminables, y en una capacidad infinita para entorpecer la marcha de todo; y, en otros, simplemente es el atisbo de algo que quizás podríamos describir como un objetivo personal. Algo que, de tan íntimo, es absurdo pensar que podríamos imponerle a alguien más; y que sólo es útil y cabalmente comprensible para uno mismo.

El problema está en querer convertir en absoluto aquello que sólo puede ser parcial y relativo: mi "razón de vivir", mi "lucha", mi "mentira vital". Y es obvio -por lo menos, para mí- que el auditorio y el discurso de denuncia juegan un papel de gran importancia en la vida de los okupantes del Che, así como en las de muchos de sus simpatizantes. Y lo mismo se puede decir de la infatigable labor ideologizante de los supremacizos. Pero para ninguno de estos grupos son etapas de la construcción de nada, ni siquiera "preámbulos" para la acción. Más bien, son como la "labor" del lector ocioso que se entretiene escoliando cualquier texto, por el puro placer de sentir que le puede decir sus verdades al autor y ja ja ja. Y así puede pasarse diez años o cien, glosando sus lecturas, incapaz de escribir un libro con su "ingenio".

Por eso yo veo en el Che un monumento viviente (en el sentido en que se puede decir que está "vivo" un paciente comatoso), a la mediocridad supremacista.

2 comentarios:

Larry Jagüey dijo...

Interesante análisis con el que concuerdo Daniel. Se ha dicho en ocasiones que es más que probable que ciertos "intereses" muevan los hilos (y los dineros) en "el Che", pero si esto fuera cierto sólo es posible porque existen esta fanaticada "que siente chido" pareciendo "radical". Y la verdad no es que tu conclusión sea trivial, aunque describa claramente un fenómeno que aunque me parece muy propenso de las mentes juveniles, es muy marcado en facultades como la nuestra. Claro, no todos los chavos soñadores se enrolan en este tipo de empresas (más bien en el eterno preludio del preludio de la empresa), pero de allí surge su "base de apoyo estudiantil", y también el miedo de la mayoría a ser politicamente incorrecto; creo yo.

Daniel L. G. dijo...

Qué bueno que mencionas ese miedo a sentirse marginado (o auto-marginado) de lo que "todo mundo" parece considerar que "está bien". Conectándolo con el rollo de los supremacizos, es como si uno pensara "chanfle, me gustán las morenas (o los morenos) más que los modelos de las revistas. ¿No estaré mal? ¿Tendré que llamar a mi analista para que me revise la cabeza?" Y es que, por lo menos a mí, sí me pasa que me pongo a pensar, en relación con las demandas populistas de los asambleros: "¿no será que es cierto que soy un asqueroso pequeñoburgués?"
Sin embargo, por más que le doy vueltas a mis convicciones, tengo que confesar que las sigo encontrando razonablemente bien fundamentadas. Y entonces pienso que, quizás, yo tenga algo de razón. Lo cual, por supuesto, no significa que los activistas estén, en automático, absolutamente equivocados.
Lo malo es que, como ellos son "superiores", no están dispuestos a ver las cosas así, y entonces se cancela toda posibilidad de diálogo constructivo.