domingo, 21 de marzo de 2010

Los problemas nacionales, el gobierno y la asamblea

Realmente apoyaría a la administración del Justo-Che si ésta fuera la de las autoridades de la UNAM. Los pseudo revolucionarios no tienen credibilidad y la mayoría somos testigos del mal uso (lucrativo) que se hace actualmente del auditorio: ¡que regrese el auditorio de la Universidad para los universitarios!
-Amiga de FaceBook-

Es una verdadera lástima que la Asamblea de la Facultad de Filosofía y Letras (conocida entre algunos como “la asamblea de las piedras”) no tenga un órgano oficial de información y prensa. O si lo tiene es una lástima que no sea eficiente. La mencionada asamblea se viene reuniendo desde hace algunos meses los jueves; haciendo uso de un buen bafle y la electricidad de la Universidad, se encarga de informarnos en ciertos momentos de sus inquietudes alrededor de los problemas de la Universidad y de la Nación. Digo que es una desgracia que carezca de ese órgano informativo pues al ser la “Asamblea de la Facultad”, los miembros de ésta merecemos estar mejor informados acerca de sus resoluciones, argumentos y propuestas.

La semana pasada tuvimos la oportunidad de escuchar las interesantes disquisiciones que la Asamblea profería en torno a la últimamente muy difundida cuestión de “solicitar la renuncia” del presidente Felipe Calderón Hinojosa. Lamentablemente para mí y para muchos que tenemos una vida agitada es imposible quedarnos a escuchar qué resuelven nuestros “representantes” acerca de temas tan importantes.

Pedir la revocación del mandato a los presidentes en México es uno de esos principios incuestionables de los que debe partir todo “conocedor de las cuestiones sociales” en el universo de las conciencias políticamente correctas. Pero como miembros de la Universidad y sobretodo de su facultad de humanidades es nuestro deber cuestionar todos los principios, aunque sean tan evidentemente indiscutibles. Sólo como sano ejercicio intelectual (que no nos pese tanto esta palabra).

Así, me encontré con un artículo que apareció en 1874 en el diario La Tribuna (1), firmado por un tal Justo Sierra. El Sr. Sierra dice que: “casi todos los escritores incurren, en los países que se ha convenido en llamar latinos, en el error de hacer depender la felicidad y el porvenir de un pueblo de la acción de los gobernantes”. Nos dice que esta idea “no es racional ni democrática”.

¿Por qué? Sierra dice que la prueba la suministra la historia: en las viejas sociedades en las que el poder se concentraba en un solo individuo o grupo selecto, la voluntad del país ha ido filtrándose, si se quiere, “de manera lenta pero constante”, hasta irse aproximando al “ideal democrático”. Agrega que “no hay espectáculo ni ejemplo comparables al de la paulatina descomposición, de aquellos venerandos monumentos del ingenio y de la pasión de los hombres ávidos de dominio”.

Si nuestra sociedad a través de paulatinas transformaciones, que se celebran en este año de bicentenario, ha mudado de la monarquía a la democracia, es ilógica para Sierra la opinión de “fiarlo todo a la acción administrativa”.

En las democracias el único soberano es el individuo; sus derechos están fuera de la acción de las mayorías y de la ley misma. La idea del pacto social, resultado del mutuo sacrificio de la libertad, es errónea. El individuo no puede sacrificar un solo ápice de su libertad; el gobierno depositario de una suma de libertades sacrificadas, es un fósil de la antigua filosofía política… La libertad, decimos ahora, es un derecho, es el derecho por excelencia; todo derecho tiene un deber correlativo, este deber es el respeto al derecho ajeno, a la libertad de los otros… El gobierno, conforme a este contrato federal, es el encargado de velar por el respeto al derecho de los demás.

Así intenta mostrar Sierra lo ilógico de la opinión de que la felicidad del pueblo depende, si no exclusivamente, sí en mayor parte de la acción de la administración pública. Pues en el ideal democrático, la libertad de la sociedad descansa en la libertad del individuo. Y la libertad del individuo es su potencial capacidad de cambiar su modo de vida sin que terceros se lo impidan.

Se comprende, pues, cómo teniendo expedita toda su esfera de acción el individuo, cómo pudiendo asociar su fuerza con un número indefinido de otras, esta idea de clamar contra un gobierno que no hace nuestra felicidad, es exótica y sin significado propio en el idioma político de los pueblos libres.

¿Estamos diciendo con esto, junto con Justo Sierra, que no tiene razón de ser ningún reclamo en contra de cualquier autoridad de gobierno? No. Sierra dice que negar que el gobierno tenga una influencia directa en la actividad de la sociedad es caer en el absurdo opuesto de la opinión que está criticando. Pues sería suponer la práctica absoluta de principios absolutos.

El gobierno debe “fomentar la iniciativa individual, prepararla por medio de la instrucción pública”; no sólo educar sino también “empujar” la empresa “colonizadora” (recordemos que está escribiendo en 1874): es decir, dar impulso a la economía nacional. ¿Cómo? Por medio de una legislación adecuada y una eficiente ejecución de la ley. Dice Sierra que se suele echar toda la culpa al ejecutivo por ser éste “el cajero de la nación”. Sus deberes como cajero son conservar por medio “del orden, de la moralidad y del talento” el equilibrio entre lo que sale y entra de la caja. También aumentar los ingresos, “pero participa de ello la sociedad entera, porque cada uno de nosotros somos un rey; precisamente para que no hubiera uno solo, no está encargado el Presidente de la República de pensar y hacer todo por los ciudadanos”.

Por supuesto que no se trata de soslayar el hecho, intuido por los suspicaces y experimentado por los justamente convencidos opositores, de que no todos los ciudadanos tienen efectivamente el camino libre para ejercer su libertad. Sin embargo, para aquellos que no la tenemos acotada sino que incluso nos ha sido dada una herramienta invaluable para la transformación de nuestras condiciones particulares de vida y de la sociedad, para aquellos, para nosotros, es entonces un deber no hacer de esa herramienta un juguete. La herramienta es la educación universitaria. Y hacemos de ella un juguete cuando salimos a plantear absurdos por medio de megáfonos, utilizando además los recursos que le cuestan a la Universidad.

Refiriéndose a un artículo que alguien publicó en el diario Trait d’Union, en el que el autor se imaginaba qué le habría dicho una sibila al entonces presidente Lerdo, Sierra agrega que no estaría de más que la sibila se dirigiera también al pueblo y le dijese: “…para llegar a ser medianamente ricos, necesitamos esfuerzos sobrehumanos… pero pronto, porque el mundo marcha aprisa; pronto, no nos fiemos en lo que pueda hacer el gobierno; un gobierno solo nunca ha podido hacer nada: cada uno de nosotros comprenda su deber y hágalo…”.

Y concluye el Maestro con una frase de Benjamín Franklin: “Si alguno te dice que puedes enriquecerte de otro modo que por el trabajo y la economía, huye de él, porque es un envenenador”. ¿Podríamos aplicar la misma sentencia a quienes pretenden distraer a los universitarios de su trabajo proponiendo fantasiosas medidas que parecen presumir son la solución rápida a los problemas de México?

Sí, no hay justicia absoluta en México, pero como universitarios tenemos que comprender cuál es nuestro deber, y dejar de jugar. Quizás mis recriminaciones son infundadas, pero se aclararían o serían refutadas si las personas que se dedican a esto pusieran más diligencia en comunicar a los demás el resultado de su esfuerzo. Así podríamos juzgarlo como corresponde.

1. "Los problemas nacionales y el gobierno", La Tribuna, México, 30 de enero de 1874. Reproducido en el tomo IV de las Obras completas de Justo Sierra, pp. 56-59.

9 comentarios:

Chalo dijo...

Pues que poco original era don injusto. Eso que pones es el pensamiento de Bentham masticado por un burro.
A los intelectuales del capital europeo -y por colonialismo intelectual a sus congéneres latinoamericanos- les importaba bastante que el estado dejara de hacer caso a esos obreros que organizados habían conformado en Europa partidos de masas y que poco a poco iban conquistando derechos. Claro que esos derechos implicaban una ampliación de los poderes del estado sobre los empresarios, pues consistían sobre todo en una parcial repartición de lo que por plusvalía se robaba a las clases obreras. Pero eso no era todo, los trabajadores, en vista de que conseguir tales derechos se iba haciendo posible, arrancaron también derechos políticos, como el sufragio universal. El estado se ampliaba entonces más y pasaba a ser el lugar de intermediación de los intereses ya no sólo de los empresarios, como había venido siendo desde Termidor, sino de la "sociedad civil" en general. Entonces Constant y Bentham hicieron su berrinche, y dijeron que no, que el estado era para garantizar la felicidad del individuo (su propiedad), alejándola de todo influjo social.
Qué casualidad que por entonces, el estado porfiriano echó a rodar al revés la rueda de la historia, y tras una sangrienta guerra campesina que había demostrado que el estado liberal no iba a funcionar en México, lo que hizo fue oir a Bentham -mal digerido por Sierra- y asegurarse de que dicho estado funcionara como fuera, si era necesario por vías violentas. El estado de Sierra, que Ivo cree que es muy original, no es sino un refrito del estado utilitario de Bentham, pero Sierra era tan bruto que no advirtió que la clases populares mexicanas no era la francesas, y que sus modos de presión y de organización distaban mucho de los socialdemócratas. El resultado fue una Revolución que tiró al basurero de la historia los berrinches de Sierra y compañía. Hoy el gobierno cree que puede traerlos de ultratumba, -si no lean el libelo reciente de Aguilar Camin y Jorge Castañeda-, e Ivo Basay también lo cree, pero nadie más. Lean ustedes los pocos periódicos más o menos serios, y las páginas de internet de medios libres, y verán como saltan a la vista en todo el mundo formas de autogobierno locales que presuponen para el individuo la comunidad, y con base en ella elaboran no sólo programas políticos, sino concepciones de la riqueza social mucho más originales y avanzadas que estas chafeces decimonónicas que viene arrastrando el señor Basay, porque todo lo que sabe lo leyó en la Historia General de México, o se lo enseñó Álvaro Matute, o qué se yo.
Solo añado que no me parece que todo lo que no sea restringir la eduación a las aulas sea "jugar" con ella, aunque tampoco me parezca la propaganda perredista que inunda la Universidad de unos días para acá. De cualquier modo, esos reformistas tienen una base teórica muy pobre, tan pobre como la del señor Basay, y por eso son igual de panfletarios que él. No por ello creo que estén "jugando" con la eduación, creo que lo que hacen es mejor que nada, esa nada de la que Basay es un fanático.
Salud.

Ivo Basay dijo...

Hay Chalo, espero que no tengan que padecer clases tuyas muchachos inocentes.

¿De verdad leíste la entrada o sólo le echaste un ojo? En 1874 Díaz todavía no ascendía al poder. Y entonces Sierra era periodista, no funcionario de gobierno... pero para qué sigo corrigiendo todos los equívocos de tu comentario. Ya hablaré a mis anchas sobre Justo Sierra en próximas entradas.

Daniel L. G. dijo...

Bueno, por lo menos ahora Chalo no se limitó a mandarnos todos a la chingada. Según creo, ya es ganancia.
Por lo demás, excelente entrada.

Chalo dijo...

Chale Ivo, tu noción de ideología es muy pobre. Que yo sepa Enrique Krauze no ocupa ningún cargo público y no por eso deja de ser un ideológo del actual gobierno, ni lo será menos del que viene, seguramente. Tendrías que entender la noción de "intelectual orgánico", pero como ninguno de los libros permitidos por la ortodoxia neoliberal a la que te adscribes lo explica, pues te quedarás en la mediocridad.
Salud.

Chalo dijo...

Y además, tú nunca hablas a tus anchas de nada, no es para eso para lo que te tienen ahí.
Salud.

Ivo Basay dijo...

Ahora que lo mencionas estaría bueno que nos dieras la definición de eso de "intelectual orgánico" pues de verdad me causa curiosidad el término. Y sí, es cierto lo que dices de que en "ninguno de los libros...", pero es cierto por vacuidad.

Chalo dijo...

El intelectual orgánico es aquel individuo educado encargado de elaborar y difundir la filosofía de la clase dominante, de intenta convertirla en "sentido común" y en otro nivel en "folklor". El intelectual orgánico, para poder llevar a cabo esa tarea, debe ser "relativamente autónomo", o sea, no pertencer al aparato de gobierno, pues necesita independecia respecto a la clase dominante a la que representa, por eso la UNAM es autónoma. Es parte entonces de la "sociedad civil" y no de la "sociedad política"; es una pieza clave para que la clase dominante pase a ser también "dirigente" y consolide un "bloque histórico"("filosofía más historia"). Es , junto con las "concesiones económico-corporativas", el fundamento del "consenso activo" entre dominados y dominantes, el encargado de convencer a los explotados de la legitimidad de su explotación.
Esta terminología la elaboró A. Gramsci a la luz del proceso estatal y social decimonónico, en el cual poco a poco la clase obrera fue consolidando organizaciones y modos de relacionarse con el Estado. Advirtió que éste contaba con medios que iban mucho más allá de la coerción para mantener a raya a la plebe, medios que eran tanto económicos como ideológicos. En realidad, las palabras de estos intelectuales sonarían en el vacío si no fuera porque una base material verídica les da consistencia: los murales de Diego Rivera no hubieran sido ideología útil si no hubiesen estado respaldados por en enorme corporativismo obrero-campesino que confirmaba que sí, por lo menos una parte del proletariado estaba incluido en el proyecto nacional. El problema con el estado utilitario imaginado por Sierra y concretizado por Díaz era que su principal característica era la de no ceder en lo absoluto hacia las clases dominadas, y pretender justificar la explotación con un discurso puramente metafísico, sin sentido para quien lo leyera y no tuviera tierra, ni trabajo, ni que comer.
Los intelectuales orgánicos son orgánicos pues de un sistema socioeconómico históricamente consolidado o en vías de consolidación (bloque histórico), no de un gobierno determinado, y por lo tanto no necesitan estar oficialmente ligados a ninguno.
Ver de Gramsci las primeras páginas de "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce", en la editorial Juan Pablos.
Salud.

Ivo Basay dijo...

Órale, gracias por la información y la fuente bibliográfica.

Anónimo dijo...

Después de tanta jalada concluyo que Chalo es un "IDIOTA ORGÁNICO".
SALUDos!