martes, 20 de octubre de 2009

Más noticias viejas: espacios ocupados en la UNAM

La siguiente nota apareció en Excelsior el día 6 de marzo de 2008. Sus autores son Leticia Robles De La Rosa y Héctor Figueroa. Los espacios ocupados por diversos colectivos no son problema exclusivo de la Facultad de Filosofía y Letras. Hay que preguntarnos cuántos de estos espacios realmente contribuyen a enriquecer la vida universitaria y no son solamente una absurda expropiación que únicamente satisface a los expropiadores en detrimento del resto de la comunidad. Expropiaciones que simplemente son expresión del egocentrismo y narcisismo de los únicos autorizados a cuestionar la institución universitaria. O quizás simplemente son muestra de una tremenda ingenuidad azuzada por una gran irracionalidad.



Arrebatan 70 espacios a la UNAM


Leticia Robles De La Rosa y Héctor Figueroa


Los universitarios que simpatizan con las FARC no son los únicos que cuentan con áreas “autónomas” dentro del campus. Expresiones trotskistas, anarquistas, marxistas y guevaristas tienen sus propios cubículos en facultades, preparatorias y planteles de CCH.


Conquistas del movimiento encabezado por el Consejo General de Huelga (CGH) de 1999-2000, en la UNAM existen al menos 70 salones o cubículos estudiantiles autónomos donde los jóvenes trotskistas, anarquistas, marxistas, leninistas, espartaquistas o guevaristas lo mismo exhiben películas que organizan círculos de estudios o incluso venden comida corrida.

Oficialmente conocido con el nombre de Justo Sierra, pero rebautizado por el movimiento estudiantil como Che Guevara, el auditorio principal de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM es el principal símbolo de los espacios conquistados por los otrora huelguistas y que les fueron respetados por el ex rector Juan Ramón de la Fuente.

Ahí, en ese histórico auditorio, los jóvenes activistas universitarios instalaron, entre otras cosas, el Comedor Popular Vegetariano Che Guevara, donde la comida corrida cuesta 20 pesos.

Pero la venta de quesadillas, tortas, dulces, copias fotostáticas, impresiones y servicio en computadoras es común en prácticamente todas las unidades académicas de la UNAM, tanto a nivel licenciatura como en los 14 planteles del bachillerato.

Los espacios, argumentan los jóvenes, fueron conquistados por ellos por su lucha en las calles y con la presión del cierre de las instalaciones universitarias; en esos cubículos, como pudo constatar Excélsior, se realizan manifiestos, se editan revistas, se hacen enlaces internacionales con organizaciones simpatizantes, se denuncian arbitrariedades de las autoridades y se desarrollan actividades culturales.

La pelea por los cubículos es constante en la UNAM; en noviembre pasado, el director de la Facultad de Derecho, Fernando Serrano Migallón, ordenó la recuperación del salón D-201, ocupado por los estudiantes radicales, e incluso colocó rejas de metal para evitar que los jóvenes lo retomaran.

Así, desde ese momento, el movimiento estudiantil autónomo y crítico de la Facultad de Derecho sólo tiene el salón D-301 para realizar sus actividades de concientización a sus compañeros sobre la importancia de la lucha política.

Hace cuatro años, el director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Fernando Pérez Correa, intentó la recuperación de los salones ocupados por el movimiento estudiantil en ese plantel, lo cual ocasionó la movilización de los jóvenes.

Los espacios estudiantiles en el territorio unamita se dividen en dos: los autónomos, que en su mayoría son dominio de la llamada ala ultra del movimiento estudiantil; y los institucionales o formales que adjudican las direcciones de los planteles para las actividades de esparcimiento y círculos de estudio.

Este diario realizó un recorrido por todas las facultades y escuelas de la UNAM, así como en los 14 planteles del bachillerato para confirmar que existen al menos 70 salones o cubículos que son de uso exclusivo de los jóvenes activistas universitarios de distintas tendencias ideológicas, mayoritariamente de izquierda radical.

En Filosofía hay 14 espacios estudiantiles; el “Cachumbambé” data de al menos 15 años y fue originalmente uno de los principales puntos de encuentro de los integrantes del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), considerado el ala moderada del movimiento estudiantil.

El Auditorio Che Guevara es el principal de estos espacios. Fue tomado durante la huelga estudiantil de 1999 y en él convergen activistas extrauniversitarios; pese a la petición de los académicos de la Facultad de Filosofía, el entonces rector Juan Ramón de la Fuente nunca intentó recuperarlo.

En la Facultad de Ciencias Políticas hay diez cubículos y/o salones pertenecientes a los estudiantes; se trata de una de las entidades universitarias con los jóvenes más ultras del movimiento estudiantil.

En el Edificio B está el salón de Conciencia y Libertad; el B-001 pertenece al Frente de Lucha Estudiantil Julio Antonio Mella (Flejam); el B-101 a El Brigadista; el B-105 al Colectivo Lucio Cabañas; el B-110 al Colectivo Ernesto Guevara. En el edificio A están dos salones, el 103 y 104, que no tienen identificación de grupo; el A-109 es de el Grupo Rebeldía; el A-211 de Radio Polacas y el A-311 de Alternativa Universitaria.

En los planteles del Colegio de Ciencias y Humanidades destaca que sólo en Naucalpan los jóvenes no tienen espacios. En Azcapotzalco hay tres, uno del Comité estudiantil Metropolitano; otro del Grupo E y el tercero del Manifiesto.

El plantel Vallejo tiene un espacio para la radio estudiantil, otro para el movimiento denominado Regeneración; otro para Coba y uno más para el CEU Histórico; en Oriente están el Cecat; otro para Café Oriente y uno del CGH; en el plantel Sur está el del Cubo del G y el de los Internacionalistas.

En los nueves planteles de la Escuela Nacional Preparatoria existen cubículos o salones para el uso del CEM, el CEU o alguna de las expresiones radicales, pero en todos hay un cubículo especial para quienes se identifican como CGH, como ocurre con el resto de las entidades a nivel licenciatura.

sábado, 17 de octubre de 2009

UNAM: ¿Nuevo triunfo de la barbarie?

El siguiente texto data del 20 de abril de 1999. Apareció en El Universal y su autor es el profesor Gilberto Guevara Niebla.

UNAM: ¿Nuevo triunfo de la barbarie?

Es sumamente preocupante el cariz irracional que ha tomado el conflicto de la UNAM. La conducta doble de los opositores a las cuotas es, por lo menos, desconcertante: por un lado, se apoyan en la legalidad y tramitan amparos contra las cuotas; por otro, proceden a utilizar mecanismos de presión que rompen con las reglas internas de la UNAM y con la legalidad nacional. Si los activistas se proclaman democráticos, ¿por qué entonces no se hace caso omiso de las normas?

La democracia supone respeto irrestricto por las normas. En ocasiones anteriores, líderes del CEU acudieron al Poder Judicial para dirimir desacuerdos con las autoridades, y al menos en un caso notable ganaron sus alegatos. ¿Por qué no esperar ahora el desenlace judicial? ¿Por qué en vez de eso se acude a un procedimiento de presión extremo que violenta todas las reglas?

El eje de la convivencia son las normas, pero también el respeto por la verdad. En 1999 se repiten los mismos desaguisados de 1986: hay en el medio estudiantil una gran agitación, pero usted mismo puede comprobarlo al mismo tiempo entre ellos subsiste una asombrosa falta de información sobre el problema que los preocupa: las cuotas.

Los mitos, las verdades a medias, las mentiras y las invenciones más monstruosas circulan como moneda corriente entre los alumnos: “Los neoliberales pretenden privatizar la UNAM”, “Es un plan de la burguesía para impedir el acceso a la Universidad de los estudiantes pobres”, “Si nos dejamos ahora, nos elevarán el costo de los títulos”, etcétera.

La confusión predomina: ahora resulta que lo que los estudiantes quieren no es sólo que se suprima el aumento a las cuotas, sino que además: 1) se resuelva el problema del financiamiento gubernamental a la Universidad; 2) que se cambie la Ley Orgánica y se democratice el gobierno universitario; 3) que desaparezca el Centro Nacional de Evaluación, y 4) que desaparezcan definitivamente los exámenes de ingreso a la preparatoria y a licenciatura.

En otras palabras, la problemática que se enarbola como bandera se ha multiplicado en forma sorprendente. ¿Están conscientes los alumnos de este cambio de demandas? ¿Se ha llegado a estas reivindicaciones a través de una discusión democrática? No lo creo. Mis alumnos de Pedagogía me informan que en este movimiento se repiten los vicios en que han incurrido muchos otros: el imperio de los activistas sobre la asamblea, los métodos que inhiben la libre opinión, los insultos y descalificaciones sobre los opositores a la huelga, el miedo que priva entre éstos, etcétera.

El debate serio, sistemático, organizado, de los argumentos de una y otra parte no se ha producido en estos meses. Los líderes no quieren debate: asumen que todo está claro y nada hay por discutir. Es una cuestión “de principio”, es decir, de fe, de credulidad, de alineamiento con “los buenos”. Por otro lado, no hay tampoco una sólida organización democrática entre los estudiantes huelguistas, y las ideas que circulan son diversas, imprecisas, poco claras e incoherentes. Un sentimiento difuso e inconfesado de que las cosas no están bien permea a las masas movilizadas.

En el corazón de este conflicto hay un litigio sobre la jurispridencia. Que el Poder Judicial resuelva. O, en su caso, ¿por qué no promover un cambio en las leyes? No olvidemos que en la actualidad la fuerza política más importante en el Legislativo local y el Legislativo nacional es el Partido de la Revolución Democrática, partido al que pertenecen un buen número, si no es que la mayoría, de los líderes estudiantiles que se oponen a las cuotas. Visto esto, uno queda perplejo ante la conducta que siguen los perredistas en la UNAM.

¡Todavía más sorprendente! Resulta que 117 diputados y senadores del PRD a los cuales suponemos personas prudentes, reflexivas, preocupadas por los intereses, no de un partido o de una facción, sino de la nación entera y a quienes imaginamos inquietos por los fenómenos negativos que sobre la educación de la juventud pueda tener el conflicto de la UNAM, sin mostrar recato o sensibilidad alguna se pronuncian en contra del aumento de las cuotas juzgándolo “anticonstitucional” lanzan un torpe ataque contra el rector de la UNAM acusándolo de “obedecer órdenes de Zedillo” y terminan aconsejándole que luche junto a los estudiantes para lograr “un aumento del subsidio federal”, que tome como ejemplo al rector Javier Barros Sierra.

Estos legisladores ignoran, o fingen ignorar, que la decisión de aumentar las cuotas no es del rector; sino del órgano de la UNAM legalmente facultado para hacerlo, el Consejo Universitario, pero su mayor error consiste en hacer caso omiso de la autonomía universitaria. Barros Sierra fue, precisamente, quien defendió, a riesgo de su vida, a la Universidad Nacional contra las acciones coercitivas que pretendían forzar a la institución a adoptar tal o cual decisión y fue quien, precisamente, ante una acción estulta y torpe de un grupo de legisladores obedecientes a los dictados de la política e ignorantes de los valores académicos, que decidió, dignamente, espetarles su renuncia en la cara.

-Gilberto Guevara Niebla-




Al día de hoy las asambleas han "decidido" el futuro del auditorio. No creo que podamos tildarlas de recurrir a los métodos prehistóricos que menciona aquí el profesor Guevara Niebla. ¿O sí?

Hablando de asambleas en las que quizás sí se discutieron las cosas con interlocutores reales, veamos el ejemplo de la del Colegio de filosofía. En su blog se dan por sentados los siguientes acuerdos, o digámoslo así: "dogmas de fe":

1.- La Asamblea General es el órgano de decisiones sobre el Auditorio de la Facultad de Filosofía y letras.

2.- Las Autoridades está excluidas de las decisiones sobre el Auditorio de la Facultad de Filosofía y letras.

Por supuesto que para admitir tales no era necesaria la colaboración de la mayoría de los estudiantes del Colegio que prefirieron hacer cosas que juzgaron más importantes que asentir en la asamblea. Por otra parte, el lunes pasado en una junta convocada por los consejeros universitarios se dieron cita varios activistas para cuestionar que sea cierto que los consejeros representan a la comunidad. Pues las asambleas sí son representativas de la mayoría, me cae.

sábado, 10 de octubre de 2009

¿Dónde están?

Hace semanas nos pareció que era buena idea hablar un poco del paro de 1999-2000 (1, 2 y 3) dado que la ocupación del Auditorio Justo Sierra es una de las últimas conquistas de ese movimiento. En los últimos días he escuchado a muchos jóvenes que en aquel entonces tendrían a lo más 10 u 11 años llenarse la boca de loas y reconocimiento al noble esfuerzo y sacrificio del CGH. Había quedado pendiente, dados los acontecimientos recientes, por ello no está de más recuperar el tema.

El siguiente texto apareció en La Crónica de Hoy, el 28 de junio de 1999. Su autor es el Dr. Manuel Gil Antón.

¿Dónde están?

El peón de Marfil
La Crónica de hoy
28 de junio de 1999


La barricada con la que se impide el acceso al circuito universitario, saliendo del Metro Universidad, con el paso de los días ha dejado de parecer tal: ahora, al pasar, se advierte como un montón de basura más bien propia de una zona abandonada. Y más allá del atiborramiento de chatarra y piedras, se aprecia el vacío. Si no tuviésemos noticia del paro en la UNAM, la imagen sería la de un sitio baldío, arruinándose poco a poco, como esas casas viejas de la Narvarte a las que un intestado o la falta de fondos dejan merced del tiempo y el polvo.

Los activistas, la semana pasada, llamaron a la constitución de un Frente y se propusieron llenar el Estadio Olímpico. Más allá de la guerra de las cifras, sobresalió el vacío en las tribunas con todo y contingentes solidarios. Y en el mitin convocado para exigir el retorno de las instalaciones, en la Plaza de Santo Domingo, la esperada multitud de inconformes con el paro que la rebasaría, no se presentó. ¿Dónde están los doscientos mil estudiantes activos, las decenas de miles de profesores y trabajadores, los padres de familia, los egresados que también suman millares? Por lo visto en la semana pasada, no se sienten convocados hasta el punto de tomar el metro o un micro para llegar a las concentraciones. Y este vacío permite el crecimiento de los diversos voceros que se afanan por hablar y actuar en su nombre. No son extraños los planteamientos en nombre de la Comunidad Universitaria o de la Universidad, pero desde el mes de abril, paulatinamente hemos visto desaparecer, erosionarse, algo parecido al enorme conjunto de personas que integran a la UNAM. Con el paro, las redes de comunicación e identidad cotidiana se rompen: José Linares, por ejemplo, estudiante de la Prepa, tiene los teléfonos de sus cuatro o cinco amigos más cercanos. Por este medio le han avisado que un examen final de cálculo sería al día siguiente en casa de una chava que vive por Portales, pero del resto de las materias ni idea. Y luego en la Gaceta no ha encontrado su número en algunas asignaturas ya aprobadas. ¿Qué habrá que hacer? ¿Será bueno presentar extraordinarios por si acaso? ¿Dónde hallar lo que sustituye al salón de referencia, al pasillo donde conversan cuando matan clases, el puesto de quesadillas favorito? ¿Será bueno ir al Estadio o a La Plaza, o volver a intentar hablar en la asamblea de la escuela? A nivel individual, aislado y aburrido por la falta de rutina que no alcanza a convertirse en vacación, lee un rato, sale con los cuates que ya acabaron el año en otras escuelas, ve la tele para saber si ya mero se acaba esta cosa y no tiene la alegría normal de sus casi diez y ocho años. ¿A quién le interesa lo que le pasa a José, y a tantos otros? Se decidió con varios más y se fueron temprano al Centro: al fin chavales, pensaban que, en una de esas, habría que mover el mitin al Zócalo de tantos que irían. En un momento, vi cómo miraban los espacios vacíos, advertí su sorpresa al hallar a tan pocos estudiantes. ¿Cómo estuvo la cosa? Bien, a secas, y se metió a su cuarto más tarde.

Ayer, Raúl Trejo comentaba, con razón, la falta de correspondencia entre la tan aludida Comunidad Universitaria y lo que nos ha tocado ver en estos meses. ¿Comunidad? Se antoja, más bien, un enorme agregado de partículas aisladas, sin redes de emergencia para continuar en relación ante una modificación radical de las rutinas.

Frente a la barricada en transición a basurero detuve el carro. Pienso, luego insisto: en cuanto pueda, la UNAM requiere una reforma orgánica que dote de referentes cotidianos y emergentes a la multitud que procura integrar. Y eso implica, creo, multiplicar los espacios colegiados, descentralizando niveles y modalidades, para hacer posible, siempre, responder con claridad un par de cuestiones: ¿Dónde están los universitarios y qué opinan?, sin necesidad de atribuirle razón a los infaltables voceros, mediadores del vacío, supuesta voz autorizada de un conglomerado disperso. Los autoritarios, de cualquier signo, medran y celebran el abismo y la desarticulación: es su ambiente preferido. Y lo van a prolongar lo más que puedan.

Manuel Gil Antón

El día de hoy la posibilidad de una huelga que nos ponga en una situación como la del tal José es lejana. Después del magno conflicto no me imagino a un rector proponiendo reformas a los reglamentos como Barnés en el 99. Mucho menos cuando al parecer no existe ni siquiera la voluntad de recuperar el auditorio más grande de CU para la Universidad. Afortunadamente democráticas y concurridas asambleas están tomando las decisiones que otros, negligentemente, no han tomado aún.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Perjuicios de una asamblea

Corría el año de 1933. En Veracruz se celebraba el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos. La finalidad principal del congreso: sentar las bases del reconocimiento y la revalidación de estudios entre las escuelas y las universidades del país. Como sucedería en asambleas posteriores, los esfuerzos por dignificar la academia fueron dejados de lado por la demagogia de los profesionales de la grilla, y en aquel 1933 los infiltrados del oficialismo impusieron su voz en la asamblea: “siendo el problema de la producción y la distribución de la riqueza material el más importante de los problemas de nuestra época, y dependiendo su resolución eficaz de la transformación del régimen social que le ha dado origen, las universidades y los intelectuales de tipo universitario de la nación mexicana contribuirán, por medio de la orientación de sus cátedras en el terreno estrictamente científico, a la sustitución del régimen capitalista, por un sistema que socialice los instrumentos y los medios de producción”. Acto seguido, se declararon grandes vencedores, se ufanaron del establecimiento de las verdades marxistas, y quizás hasta se mofaron de los organizadores originales y les pidieron llorar. En reacción directa un numeroso grupo de profesores y estudiantes universitarios iniciaron un levantamiento contra la disposición del congreso y a favor de la libertad de cátedra. Así iniciaba el primer conflicto universitario tras la concesión de la autonomía. Izquierdas y derechas, parapetadas en la universidad, movieron sus fichas en el tablero político, usaron a los universitarios como peones. Mientras, los grupos estudiantiles, manipulados y envalentonados, actuaban al margen de la ley y se justificaban tontamente en la autonomía que les había sido otorgada. Manipulación por todos lados. Para acabar la contienda, los grupos políticos sacrificaron al rector en turno. El gobierno, por su parte, respondía con la Ley del 21 de octubre de 1933, negando el carácter nacional a la universidad, estableciendo la permanencia de los órganos de gobierno definidos por la ley del 29 y fijando claramente el patrimonio universitario. Así, la universidad ejercería su autonomía dejada únicamente a su suerte. Más tarde se redujo el fondo monetario destinado a la universidad, se le retiró la potestad sobre la educación secundaria y se le relegó como beneficiaria de la sociedad, apoyando al recién creado Instituto Politécnico Nacional. La universidad, reducida a la inanidad, sobrevivió por el certero liderazgo de su rector -que evidentemente hace falta en una situación así-. La universidad sufrió su primera afrenta tras la autonomía por la manipulación política de sus miembros, porque los políticos de derechas e izquierdas tomaron a la universidad como terreno para su acción, porque de una u otra forma los universitarios prefirieron dejar de lado el estudio y enfilarse a la revolución del tinte ideológico de su preferencia. La revolución silenció al espíritu.

martes, 29 de septiembre de 2009

Convocatoria: asambleas de Colegios

El día de hoy se han puesto en circulación en la Facultad de Filosofía y Letras varios carteles convocando a la comunidad estudiantil a varias asambleas, una por Colegio.

El llamado es para comenzar la organización efectiva con miras a los próximo foros de discusión en torno al futuro del auditorio Justo Sierra. Mi consejo, si me permiten darlo, es el siguiente: no se desesperen, esto será un proceso largo y no necesariamente debe quedar resuelto en los próximos días. Si pueden asistan, expongan sus argumentos y... ¡buena suerte!

Al momento éstas son las convocatorias que se han lanzado:
  • Por el Colegio de Historia la cita es el miércoles 30 de septiembre a las 14:00 horas en el "Aeropuerto" del 3er piso de la Facultad.

  • Por el Colegio de Literatura Dramática y Teatro la cita es también mañana miércoles 30 de septiembre a las 16:00 horas abajo del puente de la Av. Insurgentes.

  • Por el Colegio de Filosofía la cita es el viernes 2 de octubre a las 12 horas en el "Ágora" de la Facultad. Hay una versión alterna que dice que es el jueves 1º de octubre a las 14:00 horas.

  • Por el Colegio de Geografía el jueves a las 14:00 en el "Aeropuerto" del 3er piso de la Facultad.

  • Por Letras Hispánicas la convocatoria es para el jueves 1º de octubre a las 12:00 en el "Aeropuerto" del 2º piso.

  • Por Bibliotecología la cita es también para el jueves 1º, a las 14:00 en las afueras de la Biblioteca Central.

  • Y por último Pedagogía convoca el jueves 1º a las 10:30 en la fuente a las afueras de la Biblioteca Samuel Ramos.

Hay que considerar que ninguna de las convocatorias declara una postura en favor o en contra de la ocupación, es necesario estar abiertos al diálogo.