viernes, 25 de marzo de 2016

El Auditorio Justo Sierra: Qué pedir, a quién y por qué.


Nuestra solicitud debe dirigirse a la rectoría de nuestra Universidad, al Consejo Universitario, y a las direcciones de nuestras Facultades, porque son las instancias pertinentes para atender la situación del Auditorio Justo Sierra; no existe una razón por la que -ya como estudiantes, trabajadores o profesores- debiéramos solicitar nada a los ocupantes, especialmente dado que han reiterado que no habrá diálogo, que no terminará la ocupación.

El deseo de recuperar el Auditorio Justo Sierra para uso de la comunidad se trata de una aspiración legítima, pero -a mi parecer- no debe ser este el motivo más importante de preocupación; la idea de que hay una "zona de tolerancia" que circunda el Auditorio Justo Sierra y se extiende hasta las islas es un tema de mayor relevancia, este fenómeno se repite en numerosas dependencias de la Universidad, derivando -también en numerosas ocasiones- en inseguridad para todos. En breve, la ocupación del auditorio debe llegar a su fin para que el inmueble vuelva a ser utilizado por la comunidad universitaria, pero sobre todo para buscar cancelar la idea de que las inmediaciones de nuestra Facultad son una zona sin ley, y la inseguridad derivada de esta idea.

No hay una razón por la que los ocupantes del Auditorio se distingan ante la ley del resto de los ciudadanos, en este sentido deberían responder por sus acciones en dos momentos, en primer lugar por la ocupación ilegal de instalaciones universitarias, y en segundo por las responsabilidades legales que cada uno de ellos tenga; decir que no son distintos ante la ley quiere decir también que no existe una razón para que se les imputen crímenes ficticios ni se violen sus derechos durante el hipotético desalojo: que respondan por aquello de lo que sean responsables, ni más ni menos, y que se garantice -en su caso- una detención conforme a derecho. Es preciso ser explícitos aquí: No estoy diciendo que quiero que los maten, que los quemen ni que los violen, en caso de usar la fuerza pública habremos de insistir -como nunca en la historia de la Universidad- en que se respeten las garantías de aquellos que resultaran detenidos, pues -delincuentes o no- tienen derechos que la fuerza pública debe respetar. 
El ingreso de la fuerza pública a la Universidad no representa el fin de la conciencia de social, ni cancela la posibilidad de que existan movimientos estudiantiles legítimos en el futuro, tampoco se trata del fin de todo activismo que busque el bien común, debe tratarse sencillamente de hacer valer las garantías de seguridad a las que la comunidad universitaria tiene derecho. 

En síntesis, requerimos a las autoridades tomar la liberación del auditorio en sus manos de manera activa, urgir a las instancias competentes a que -en caso de llegar el desalojo- se salvaguarden los derechos de los ocupantes y la comunidad universitaria, y sobre todo tomar acciones para poner fin a la idea de que los campus universitarios son zonas sin ley.

Muy probablemente en este último punto será necesaria la colaboración de la comunidad universitaria, dado que la Universidad no cuenta con elementos de coerción, ni es deseable que cuente con ellos, será de gran importancia poner la parte que nos toca para eliminar la idea de la zona de tolerancia i.e. no participar de ilícitos como la compraventa de drogas, ingesta de alcohol y otras actividades prohibidas por la Legislación Universitaria.

No estamos pidiendo nada que no sea derecho de todos.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Sobre sostener algo falso, sus formas y sus consecuencias.

Los dos principales motivos por los que alguien sostendría algo falso son: 1) Por desconocimiento, y 2) por ser esta su intención, naturalmente, este caso supone conocimiento de que lo que se sostiene es falso.

Así, hay dos formas generales para decir falsedad, la primera sería "decir algo estando equivocado" y la segunda, sería "mentir".

Ciñéndonos exclusivamente al análisis de un discurso, no podemos tener constancia de los estados mentales de las personas cuando sostienen algo falso, es decir, no sabemos si sostienen algo con falsedad porque les falta información o si de hecho cuentan con la información atinente al caso y dicen falsedad de manera intencionada: A partir sólo del discurso, no podemos distinguir entre alguien que se equivoca y alguien que miente.

Sin embargo, existen elementos observables en las prácticas argumentativas de las personas, los cuales podrían darnos indicios sobre quiénes sostuvieron algo falso en ignorancia y quiénes mentían al hacerlo: Su actitud ante la evidencia.


Tomemos por ejemplo el recurrente juicio falso -y del que hablamos semanas atrás- "La policía no puede entrar a los campus, pues ello violaría la autonomía universitaria". La actitud que se espera de alguien cuando se le presenta la información que evidencia como falso el juicio que sostiene -a saber, en este caso, la ley orgánica de la Universidad- es que rectifique su postura, que cambie de opinión.

Puedo pensar en dos razones por las que alguien se aferraría a sostener una postura falsa aún a la luz de la evidencia: a) Porque algún tipo de enajenación o insolvencia cognitiva (digamos, contar con recursos cognitivos o epistémicos insuficientes para completar una tarea) de hecho le impide apreciar la relevancia de la evidencia que se le presenta,  y b) porque desde el inicio, sabe que sostiene algo que es falso.

En cualquiera de los dos casos, es decir, ya sea por insolvencia cognitiva o por deshonestidad, las personas que no tienen disposición a rectificar ante evidencia que falsa su postura a menudo han previsto un complejo entramado de argucias, falacias, mentiras y recursos erísticos para sostenerla -o cuentan con habilidad para generarlos por encontrarse éstos entre sus hábitos argumentativos-, la razón de lo anterior es sencilla : El único modo de sostener una mentira es valiéndose de más mentiras o recursos falaces.

Regresando a nuestro ejemplo, insistir en que la autonomía no es extraterritorialidad no atiende a un interés por invocar a los cuerpos policiales -que son de la confianza de pocos- ni a justificar sus abusos y procedimientos erróneos, sino que resulta relevante cuando menos por los siguientes dos factores: 1) Desde un punto de vista argumentativo, decir que la autonomía es extraterritorialidad es decir algo falso, y dado que el único modo de sostener algo falso es valiéndose de argumentación falaz o de más información falsa, es una creencia que debe ser rectificada. 2) Lo anterior pudiera parecer trivial, mas no lo es, pues las prácticas argumentativas tienen consecuencias ostensibles: Los catorce años de ocupación del Auditorio Justo Sierra es una muestra fehaciente de ello, y es además una muestra directamente relacionada con nuestro ejemplo. Según me parece, podemos encontrar esta misma estructura en un buen número de los atropellos que padecemos en lo cotidiano, por mi parte concluyo que no es poca cosa vivir con las consecuencias de la impunidad argumentativa.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Mas si osare un elemento policial 3.0 (o "De qué se trata la autonomía")


Con motivo de la marcha de hoy a las 12:00 tenemos una publicación especial, publicada originalmente aquí.






Muy buena iniciativa, muchachos, ya antes recordamos los antecedentes históricos de la autonomía universitaria; cabe ahora recordar la ley orgánica vigente para tener bien presentes los tres aspectos en que consiste la autonomía universitaria:

1) Académico. Se contempla la libertad de cátedra, la atribución a otorgar validez a estudios que se realicen en otros establecimientos, formulación libre de planes y programas de investigación y designación libre de su personal académico.

2) Gobierno. Puede organizarse de manera libre como mejor lo estime, siempre y cuando atienda a la Ley, de tal manera que se deben indicar las autoridades, pero otorgando libertad para su integración.

3) Financiero. Está facultada para formular un presupuesto y administrar libremente su patrimonio. El Estado está obligado a contribuir con un subsidio.

Aprovechemos para insistir, por si alguien -ya sea en los mediosen la academia, o incluso de entre las autoridades- no se ha enterado, en que las instalaciones universitarias no cuentan con extraterritorialidad, éstas se rigen por iguales normas que el resto del país, no funcionan como una embajada, consulado o república independiente.

Si hace falta mencionar casos en los que la autonomía es violentada, podemos citar: 

1) los paros que -so pretexto de buenas causas- interrumpen la actividad académica de forma arbitraria -y sobre todo innecesaria-. 

2) La ocupación del Auditorio Justo Sierra, distendida ya por 14 años que margina a la comunidad del uso del inmueble, sirviendo a fines ajenos a ésta. 

3) Las conductas erráticas de elementos policiales, no porque no puedan entrar en territorio universitario sino por su impericia e ineptitud, que en conjunción con la indolencia de la autoridad universitaria -distendida también por 14 años- derivó en los lamentables acontecimientos del sábado 15 de noviembre de 2014.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Falso dilema (o "Sí podemos tener clases y solidarizarnos con Ayotzinapa")

Decimos de dos hechos que es imposible se den al mismo tiempo cuando el darse uno excluye la posibilidad de darse el otro, e.g. "es imposible que una mesa sea cuadrada y a la vez redonda"; la falacia de falso dilema pretende hacer pasar como lógicamente incompatibles dos hechos que en realidad son compatibles e.g. "una mesa no puede a la vez ser cuadrada y café".

Para una muy célebre ocurrencia de esta falacia podemos citar a George W. Bush:

"O estás con nosotros, o estás con los terroristas"
En días pasados hemos observado un distendido uso de la falacia de falso dilema cuando se nos plantean como excluyentes dos hechos que en realidad no lo son: "O tenemos clases, o apoyamos a Ayotzinapa", o en los términos explícitamente enunciados en un discurso de estudiantes normalistas a estudiantes de la Facultad de Veterinaria de la UNAM, "o eres academicista o eres político".

Las consecuencias de aceptar tal planteamiento son altamente indeseables, serían cosas como: "Si eres academicista y te opones a los paros, entonces no te preocupa la situación que está ocurriendo en Guerrero, ni te preocupa la violación a los derechos humanos, ni las reformas estructurales del ‘copetón’"

Tal implicación es falsa, como es falsa la oposición entre tener clases y apoyar la causa de Ayotzinapa.

Incuestionable la importancia de todo movimiento que busque una mejora social, pero la participación con éste o cualquier otro sólo implica un redoble de esfuerzo por parte de la comunidad universitaria para tomar parte al tiempo que cumple con sus obligaciones.

El gobierno nos ha defraudado, pero en forma alguna es solución dejar de cumplir con nuestros estudios, éstos no son sólo un privilegio sino que entrañan además un deber: defraudar a las miles de personas que hacen posible la realidad de la Universidad no es un factor que ayude para la causa de Ayotzinapa -ni ninguna otra- y sí se trata de una medida cuyos principales afectados son los estudiantes.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Mas si osare un elemento policial 2.0 (La policía sí puede entrar a la UNAM)

A continuación una reversión (copy/paste salvo por las primeras líneas y un post scriptum) de un texto que recién publiqué en otro sitio.

Resta insistir en que no se trata de una apología por los cuerpos policiales, ni un llamado a que estos entren en nuestras vidas a sus anchas, sencillamente se trata aquí de decir que la desconfianza que tengamos en ellos no es motivo para divulgar la mentira de que la policía no puede entrar a los campus universitarios, como lo asevera el profe en este video:



"Es territorio autónomo esto"

Verá, profe, los alcances actuales de la Autonomía Universitaria atienden a una historia causal que se remonta a las Leyes Orgánicas de 1929, 1933, 1944, actualmente se refiere a tres aspectos que describiremos sucintamente:

1) Autonomía académica: La universidad puede nombrar y remover a su personal académico, seleccionar a sus alumnos y elaborar sus planes de estudios, así como expedir certificados de estudios (a diferencia del resto de las instituciones educativas nacionales, que dependen de la SEP).

2) Gobierno interno: La universidad puede nombrar y remover funcionarios, personal administrativo y establecer las normas que rigen a éstos.

3) Autonomía financiera: La universidad dispone libremente de su patrimonio y puede distribuirlo internamente como mejor lo considere.

La idea de extraterritorialidad, concepto jurídico que se ajustaría a la idea errónea de que los cuerpos policiales no pueden entrar a la Universidad, excede por mucho las atribuciones de la autonomía universitaria, se trata de un mito contemporáneo muy distendido debido fundamentalmente a la falta de información. 

Recordando a Barros Sierra*: 

“la autonomía no equivale a una sustracción de las Leyes del orden común ni a impunidad contra los actos delictuosos cometidos por universitarios dentro o fuera de sus recintos”

Así, “Todo aquel que sea policía y entre en territorio universitario estará violando la autonomía” es un juicio falso. 

No se entienda que pretendo sostener como verdadero el juicio contrario: “Ningún policía que entre en territorio universitario estará violando la autonomía.”, pues -en efecto- es posible que un policía viole la autonomía. 

¿Qué tendría que hacer un policía -o cualquier otra persona- para violar la autonomía universitaria? Simple: imponernos planes de estudios, violentar nuestros mecanismos de gobierno interno, o alterar nuestra administración financiera, regresando a Barros Sierra: 

“existe violación de la autonomía cuando el Estado coarte la independencia académica, o impida que ésta se rija internamente, (...) también hay violación cuando un partido político o una corporación privada interviene en la Universidad alterándola y dificultando el cumplimiento de sus fines.”

Así, todo aquel que cumpla con alguno de los tres requisitos precedentes, o una combinación de ellos, estará violando la autonomía universitaria, trate o no de un policía, e ingrese a territorio universitario o no.

Cito finalmente el comunicado del Consejo Universitario del 26 de Octubre de 1972: 

“Autonomía no significa fuero ni extraterritorialidad. Autonomía es el derecho que otorga la Ley a la Universidad para designar a sus autoridades, establecer sus planes y programas de trabajo, distribuir sus recursos económicos y organizarse sobre la base del respeto a la libertad de cátedra, de Investigación y de difusión de la cultura.”


p.s ¿Saben qué otra cosa sí viola la autonomía universitaria? Que alguien distinto de los órganos de gobierno de la universidad decida que hay un paro (y de si fue democrática la decisión ni hablamos).




*pueden cotejarse las citas en este artículo de Jorge Pinto, cortesía del Instituto de Investigaciones Jurídicas.

jueves, 23 de octubre de 2014

Miscelánea de falacias

Repasaremos a continuación cinco muestras de argumentación falaz tomadas de discusiones de gran relevancia en días recientes (El reglamento interno del IPN, el caso Ayotzinapa y los paros en distintas instituciones presuntamente en solidaridad con los dos anteriores). Independientemente de la postura que se tenga con respecto a cada uno de ellos, es preciso poner un escrutinio severo con respecto a las evidencias que consideramos al creer o descreer algo, así como en la validez de los argumentos detrás de el establecimiento de dichas creencias, especialmente cuando esgrimimos argumentos por causas que consideramos justas.

1) Me referiré a la visita que -en su primera semana de paro- hicieron estudiantes del IPN a nuestro salón en FFyL, UNAM (este es un testimonio personal). En aquella ocasión, luego de hablarnos brevemente sobre de los detalles que les preocupaban con respecto al nuevo plan de estudios nos dijeron razones por las cuales -pensaban- debíamos solidarizarnos con ellos, entre éstas:

"Esto es una escalada, si ahorita le toca al IPN el año que entra puede tocarle a la UNAM"

Lo anterior se llama falacia de apelación al temor, su carácter falaz yace en el hecho de que se privilegia el llamado a la solidaridad previendo una situación adversa en el futuro antes que una buena exposición de los motivos por los cuales como instituciones o como ciudadanos debiéramos preocuparnos por la situación del IPN.

La situación preocupa, especialmente cuando está próximo a cumplirse un mes de paro, sin reportarse beneficio alguno de éste para los estudiantes y no resultando claro cuándo se levantará o qué condiciones tomará que sea así.

2) Días después tomó auge la noticia en torno a los incidentes violentos -e injustificables- en Ayotzinapa, aún hoy día con respecto a la pregunta ¿cuál fue la razón de lo que sucedió?

Insisto, los hechos son injustificables, y aunque son complejos, sucede algo argumentativamente indeseable: una pregunta simple como "¿cuál es la causa eficiente de los hechos?" que se contesta simplemente como "estaban boteando, 'tomaron prestados' autobuses y fueron baleados", se contesta en contraste con cosas más bien vagas, o cuando menos imprecisas en tanto que no consignan la causa eficiente de los sucesos, aún cuando hay información disponible al respecto.

En ese sentido, "porque el estado quiere que seamos ignorantes y ellos promovían un modelo diferente de educación" no es una respuesta satisfactoria por la pregunta respecto a la causa eficiente.

De nuevo, nada justifica los horrendos actos acontecidos después; lo que sí sucede con una respuesta vaga es que nos queda un argumento trunco, oscuro, con una causa falsa como motor de los hechos. Ello compromete el argumento, lo vicia, así como las posteriores posturas derivadas de éste.


3)  La semana pasada hubo un paro de 48 horas en varias de las dependencias de la UNAM, luego de éste se presentó la siguiente situación:


La sola contigüidad de dos hechos puede bastar para que erróneamente pensemos que uno es causa del otro, se trata de otro caso de causa falsa, pues aunque en la nota se mencionan los paros, se mencionan también muchas otras cosas (por ejemplo, se da por hecho la réplica de los paros por 48 horas para miércoles y jueves de esta semana).

4) En el marco de la temporada asamblearia se observa recurrentemente un falso dilema con esta estructura:


Es decir, "o me solidarizo o tengo clases", la distensión es llanamente innecesaria, no hay un nexo entre las acciones de solidaridad y la suspensión de labores, ni mucho menos con las pintas en las instalaciones: perfectamente puede tenerse lo uno sin lo otro.

Esta última viñeta sintetiza bien el asunto: "#TodosSomosPolitécnico, aunque no sepamos bien los detalles en torno al reglamento, #TodosSomosAyotzi, aunque no todos podamos dar cuenta de qué sucedió, creemos que un paro pone los ojos del mundo sobre estos asuntos y quienes crean lo contrario están en contra de nosotros, del Poli y de Ayotzi."

5) "¿Cómo pueden indignarte más dos -o cuatro- días de clases que 43 desaparecidos?"

Es un planteamiento con un impacto retórico, además de ser falaz: es falaz por la falsa disyunción entre estar indignado por los 43 desaparecidos y desear tener clases; su impacto retórico sugiere que dicha distensión entraña una suerte de falla moral. De resultar admisible tal disyuntiva y tal juicio moral yo diría "¿cómo pueden indignarte más 43 normalistas desaparecidos que 138 jóvenes mujeres que van en el Estado de México en este mismo año?"
Evidentemente estaría diciendo algo ridículo, puedes indignarte por una cosa, la otra o las dos, y no me toca a mi decir por qué debe alguien más indignarse o no.

Corolario

No puede concluirse algo de una miscelánea de falacias, y es tal vez ese mi punto: promover iniciativas o paros con base en malos argumentos no sólo es dudoso, es además ofensivo, se trata de un abuso más, irónicamente cometido por quienes claman defender la justicia.

No cabe aquí conjeturar más al respecto, me parece que los argumentos se han presentado y toca al lector sopesar lo que ha leído.

domingo, 13 de abril de 2014

Para quienes no aceptan un "no" por respuesta —es decir, para las mulas tercas.

Puntuales como campana de catedral, en días recientes arrancaron las marchas primaverales de "excluidos" de la educación superior, una vez que se publicaron los resultados del primer concurso de selección UNAM del año. Y para celebrar como corresponde esta incipiente tradición política, me voy a permitir dedicarle una entrada de este blog al enmascarado MAES.
... con el rostro tapado y un ideal desacreditado en la frente.
Como punto de partida de mi análisis, desinformado y reaccionario como de costumbre, reproduzco a continuación el primer párrafo del comunicado titulado "Primera movilización MAES 2014" , publicado por "Atzelbi Libertad" —nom de plume de Atzelbi Hernández—:
A principios de marzo, más de 135 mil jóvenes presentamos el examen de selección para el ingreso a la licenciatura de la UNAM; todos, confiados en nuestra preparación, esperamos ansiosos los resultados. El próximo 9 de abril, más de 124 mil descubriremos que no fuimos aceptados, pues la universidad sólo tiene espacio para recibir a menos del 10%.
Atzelbi, otra activista con un impecable sentido de la moda revolucionaria.
Aunque hay varios puntos dignos de analizar en este muy bien logrado ejercicio retórico como, por ejemplo, ese insidioso "confiados" que dice, pero no, que todos los estudiantes saben que saben mucho, o que, en todo caso, saben hasta donde se puede aprender en nuestras escuelas —y si no es suficiente, pos no es por su culpa—, me voy a centrar en ese ominoso "descubriremos" que anuncia, fatídico, el triste final de las esperanzas de "más de 124 mil" soñadores.
Indudablemente, lo primero que llama la atención del enunciado en cuestión es su muy logrado patetismo; sin embargo, tal vez resulte un poco más difícil percibir que, más allá de intentar conmover a los lectores, el verdadero propósito de Atzelbi es el de distraer su atención e impedir que reparen en algo que, a primera vista, podría parecer un mero detalle, pero que es, en realidad, una falla capital del alegato reivindicatorio de los "excluidos", tanto desde el punto de vista lógico como ético.
Y ese algo al que me refiero es lo siguiente: que todos los participantes, rechazados o aceptados por igual, supieron —y, por tanto, aquí no cabe ningún descubrimiento súbito ni sorpresa sobrecogedora—, desde el momento en que se inscribieron al examen y, lo más seguro, desde antes, que alrededor del 90 porciento de los concursantes se quedaría sin lugar, simple y sencillamente porque la capacidad de la UNAM en sus distintas licenciaturas no es un secreto de estado ni mucho menos. En otras palabras, sabían lo que cualquiera que participa en un concurso —desde la lotería y La Academia a los premios Nobel— y en un proceso de selección —como puede ser la conformación de un jurado o del equipo de futbol mundialista mexicano— sabe: que, con cada sitio vacante que se ocupa, un individuo está privando de lugar a muchos otros.
Repito: cada concursante sabía de antemano que, de tener éxito, estaría dejando sin carrera —al menos, por un ciclo lectivo— a uno o varios estudiantes como él. ¿Hubo algún participante que expresara su indignación ante tal "injusticia"? Que yo sepa, no.
Cosas que se vienen diciendo desde hace dos milenos, por lo menos.
Ahora bien, hay una excelente razón por la que, llegados a este punto, personas como Hernández generalmente intentan pasar de inmediato a las denuncias, los llamados y las consignas, y es que ellos saben tan bien como cualquiera que cuando una persona toma parte en un proceso que desaprueba, su participación valida tanto el acto como sus resultados, y pierde el derecho a inconformarse.
Se trata de una cuestión de justicia —y lógica— básica y su consecuencia principal me parece obvia: ninguna persona que piense como Atzelbi puede participar en un concurso de selección como el de la UNAM, en particular, porque puede ocurrir que sea aceptada, en cuyo caso caería en la flagrante contradicción de desaprobar lo que perciben como injusticia —la inevitable existencia de rechazados— al tiempo que se benefician del mismo procedimiento que supuestamente crea dicha injusticia —es decir, la selección que los ha favorecido. Es una o la otra: o me uno a la lucha por un mundo sin "excluidos" y le declaro el boicot a todos los procesos de selección que existan —por la sencilla razón de que todos avalan el "rechazo"—, o acepto las reglas del juego, tomo parte y respeto los resultados.
Siguiendo con el tema bíblico.
Por último, cabe insistir en que el mal uso de esa palabrita de "excluidos" se origina en una confusión —que puede ser accidental o no— entre lo que actúa a priori —el derecho fundamental— y lo que lo hace a posteriori —la aplicación de un estándar—: en México, la educación, de todo tipo, es un derecho porque se da por sentado que a nadie se le puede negar de manera arbitraria. Sin embargo, esto no implica que uno no pueda ser rechazado, con toda justicia, por falta de capacidad —mental o de matrícula—, previa aplicación de un examen. De hecho, la participación de todos esos jovencitos del MAES en un concurso es prueba suficiente de que no hay entre ellos un solo excluido, al menos no en el sentido en el que lo quiere manejar su lidereza.
Que estos muchachitos necesitan educación --sobre todo, elemental--, eso nadie lo puede negar.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Imposición


El viernes a pasadas las 18:00 tuvimos noticia de que habíamos que desalojar las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras. Al salir recibimos la siguiente noticia: "La facultad de Filosofía y Letras decidió: Paro indefinido. Asamblea FFyL". 

Algunos estudiantes preguntaban por qué esta decisión se tomó sin considerarlos; gentilmente fueron invitados a participar en la nueva asamblea a celebrarse a las 20:00 en sede por definir, donde se tomaría una decisión ya con más personas... (alguien se adelantó al poner el comunicado que estaba en la puerta, como quien dice, fue sin querer queriendo).

A las 20:00 se celebró una asamblea en el Auditorio Justo Sierra -más deteriorado que la última vez, y oliendo mucho a incienso, de ese que te pone rojos los ojos... En esta asamblea se resolvió que habrá paro el miércoles, así como una movilización. 

El cese de actividades el viernes estaba avalado por la asamblea celebrada ese día más temprano; el hipotético paro indefinido, o bien sesgado entre el viernes y el miércoles -mediando como único día de clases el martes- está avalado por la asamblea del viernes a las 20:00.

Así se acordó, la decisión fue tomada en nuestra presencia o bien en nuestra ausencia.

Semanas atrás, antes de que el semestre iniciara, estudiantes (a través de su inscripción) y profesores (a través de su contratación) celebraron otro acuerdo con la Universidad: el calendario que seguirían las clases este semestre; no se convino que las clases estaban sujetas a interrupciones derivadas las decisiones tomadas por terceros (i.e. alguien distinto de las partes que suscriben, profesor-universidad o bien estudiante-universidad).

No siendo el caso que exista una cláusula que diga "el presente calendario está sujeto a aprobación y agenda de ciertos grupos", podemos hablar que las decisiones tomadas en las asambleas del viernes o en cualquier otra asamblea que no considere la opinión de los involucrados se trata de una imposición.

En forma alguna estoy diciendo que sus demandas son injustas ni que se trata de temas que no deban estar entre nuestras preocupaciones, lo que digo sencillamente es: no deben los acuerdos de particulares imponerse a los de una comunidad más amplia. 

¿No escuchábamos meses atrás lo catastrófico que resultaría una imposición?, ¿cuándo una imposición es admisible?, ¿qué distingue a una de otra? 

Los que imponen, invariablemente, piensan que ellos tienen la razón.

jueves, 25 de abril de 2013

Quién criminaliza una protesta.

La tarde de ayer en las afueras de Rectoría, como en ocasiones anteriores ha sucedido ya, los activistas replegaban a los medios de comunicación. Aseguran que la opinión pública se ha volcado en su contra debido a la desfavorable imagen que estos han generado con respecto a su causa.

La imagen de nuestra Universidad y de nuestros estudiantes resulta injustamente castigada por varios factores. Merece consideración reflexionar en torno a quiénes hemos sido responsables del deterioro de dicha imagen.

1) Es un hecho observable que en los distintos campus universitarios se presenta el consumo y venta de estupefacientes.

2) Es el caso que existen matriculados que se ajustan a la siguiente descripción: Incumplen con holgura con sus respectivos planes de estudios y dicho incumplimiento no tiene origen en la falta de recursos materiales tanto como lo tiene en la falta de interés por estudiar.

3) Existen en los distintos campus universitarios espacios enajenados por particulares y que sirven a los intereses de estos antes que a su fin como patrimonio de la Universidad.

Estos tres son elementos observables. Cualquier miembro de la comunidad universidaria puede dar constancia de ello y de que no son invento de los medios de comunicación.


4) Algunos activistas han manipulado la protesta social como un fuero para la impunidad.

Al amparo de la consigna de "no represión" algunos activistas se han conducido con impunidad cuando menos a través de los últimos diez años, y con frecuencia ajustándose a la descripción de los incisos 1, 2 y 3.

Tal es el caso con los activistas que ya mismo mantienen la toma de Rectoría: Entre sus demandas se encuentra la absolución de las sanciones por parte del tribunal universitario con respecto a los actos vandálicos ocurridos en Febrero en CCH Naucalpan (no es una exageración que prendieron fuego a las instalaciones, golpearon a profesores y trabajadores y algunos fueron rociados con gasolina).

Quienes criminalizaron la protesta fueron ellos con sus acciones criminales.

La responsabilidad con respecto a estos elementos que dañan la imagen de nuestra Universidad recae sobre los agentes que llevan a cabo estas acciones y las autoridades que se los han permitido.

Los enemigos de la educación pública no tienen que estar exclusivamente fuera de la Universidad, pues como universitarios tenemos el potencial para ser sus mayores detractores o sus principales promotores. Desde mi punto de vista la toma de rectoría es mucho menos grave que lo sucedido en CCH Naucalpan en Febrero y lo que viene sucediendo desde hace más de diez años en el Auditorio Justo Sierra, y es consecuencia directa de la permisividad ostentada en estos dos hitos y los tres elementos que demeritan la imagen universitaria antes mencionados.


Si luego de la toma de Rectoría finalmente las autoridades universitarias decidieran que la legislación universitaria debe cumplirse para todos y que nadie en el interior de la Universidad tiene fuero para romper la ley al amparo de la protesta social o la mentira de la extraterritorialidad dentro de los campus universitarios, entonces todo lo que podemos hacer es dar las gracias a los activistas por sacar las cosas el punto de confort en que permanecieron a través de los últimos diez años.

Sinceramente deseo la liberación de Rectoría y de todos los espacios enajenados a la universidad de forma pacífica, y que nunca haya un enfrentamiento entre universitarios. Si fuera el caso que el desalojo hubiera de hacerse por la fuerza -tal como la toma se ha hecho siempre por la fuerza-, se atendiera también a la mesura por todas las partes involucradas.

martes, 23 de abril de 2013

Dogmatismo ilustrado

Con respecto a la nota titulada "Activistas citan a Sánchez Vazquez" publicada en la sección "El correo ilustrado" del periódico La Jornada del 23 de Abril de 2013, me gustaría hacer el siguiente apunte:

Apelación a la autoridad (Argumentum ad verecundiam o Magister dixit) se llama a la falacia donde se cita a una personalidad connotada con la idea de defender que algo es verdadero porque una autoridad lo dice. Pocas veces en un curso de lógica contamos con ejemplos tan vívidos como el que aparece publicado en La Jornada de hoy, por lo que agradecemos a las "Redes Universitarias" su colaboración:

 


Díganme purista, pero a la presunción de quienes quieren que su doctrina o sus aseveraciones sean tenidas por verdades inconcusas se le llama dogmatismo... Digamos...

"Un triángulo no tiene tres ángulos interiores sino cuatro"

Porque (como dice Sánchez Vazquez)
 
"La verdad se ofrece como una revelación que no necesita ser demostrada."

¿Se puede ser más dogmático que esto?

lunes, 8 de octubre de 2012

La Razón


Las autoridades universitarias, para no formar parte de la excepción entre las autoridades en general, creen tener razones para no hacer valer los estatutos universitarios y solicitar el desalojo de los delincuentes que mantienen desde hace años fuera de servicio el auditorio Justo Sierra de Filosofía y Letras. Los okupantes creen tener no la "Razón" sino la "Verdad" y por ello no admiten que entre ni siquiera a discusión su permanencia en el inmueble universitario. A veces las autoridades han sido tan generosas que se han prestado a negociar con delincuentes y los delincuentes han rechazado tan generosas ofertas. Algunos estudiantes, profesores y egresados creemos tener razones de peso para exigir que después de 12 años el rector ya no siga "analizando" la situación y actúe.

Hoy el diario La Razón dedica un espacio al trabajo valiente de una reportera y un fotógrafo denunciando la situación. 

No se pierda la edición de hoy.

martes, 17 de enero de 2012

De mar y tierra

-Pero, ¿sí somos nosotros?- preguntó el doctor Leyva, con la Gaceta en la mano.


-Sí.- le contestó el doctor Valdés -El último número del año... pero en primera plana.


El títular que originó el breve diálogo reza "La UNAM calibrará y sustituirá sensores solares en 133 puntos", y el artículo reseña una de las aportaciones más recientes del pequeño, aunque muy enjundioso, grupo de investigación al que desde hace varias décadas pertenecen los doctores mencionados. El primero de los cuales, por cierto, acaba de recibir una medalla en reconocimiento a sus cuarenta años de servicio científico para la Universidad.


El autodenominado Grupo de Radiación Solar, adscrito al Instituto de Geofísica de la UNAM, no ha dejado, desde sus lejanos inicios, de dar batalla, y sus contadísimos integrantes han estado presentes en eventos tan relevantes para la historia de la ciencia en nuestro país como las primeras misiones oceanográficas mexicanas, a bordo del "Virgilio Uribe" de feliz memoria -una corbeta donada por la Marina Armada de México-, el "estreno" de los dos buques científicos de la UNAM -con base en Mazatlán y Tuxpan, respectivamente-, y un viaje de observación del "hoyo de ozono" a la Antartida, en cooperación con una universidad australiana.


Por otra parte, este equipo de determinados investigadores no ha perdido oportunidad de atraerle recursos económicos -públicos y privados- a la UNAM, a través de convenios que, si bien no han servido para pagarle residencia en las Lomas o coche de lujo a ninguno de los miembros del grupo, han sido de la mayor utilidad, entre otras cosas, para dotar al instituto de equipos actualizados, y para hacer posibles los trabajos de campo por todo el país que requieren iniciativas como la destacada en la Gaceta del 15 de diciembre del año pasado, o el lejano viaje al país de los pingüinos.


Curiosamente, uno de los hermosos barcos oceanográficos a que he hecho referencia y cuya actividad está tan relacionada con los trabajos del grupo, fue bautizado en honor al "Maestro de América", don Justo Sierra. Aprovechándome de esta coincidencia -feliz o no, dependiendo de la ideología de cada quién-, se me ocurre proponer esta fantasiosa reflexión: ¿qué hubiera pasado si los geofísicos de quienes hablo -y entre quienes, hay que decirlo, no faltan los simpatizantes de la izquierda- hubieran, siguiendo el ejemplo de nuestros filosóficos activistas, "okupado" el pobre barquito, procedido a rebautizarlo -el "Playa Girón" hubiera sido una opción harto predecible-, y hacerse a la mar para "cambiar al mundo" vendiendo cruceros revolucionarios de lujo y figuritas del Subcomandante en lejanas tierras?


Mi respuesta es "nada", y estoy seguro de que muchos la encontrarán irracional. "¡¿Cómo que no hubiera pasado nada después de tan terrible despojo?!" Tal vez tendría que modificar un tanto mi respuesta y decir que, igual que como ha pasado con ese otro terrible despojo homónimo que hemos sufrido los universitarios, nada bueno, constructivo, enriquecedor para el país habría resultado del triunfo de los "opositores al sistema". Ni campañas oceanográficas, ni colaboración internacional, ni infraestructura de medición a nivel nacional. Es decir: nada de nada.


Y lo peor es pensar que, lo que de entrada puede parecer una comparación exagerada -¿qué tienen en común un buque y un auditorio?- y un escenario impensable -la captura de un barco, en este país y a estas alturas del partido-, son, en realidad, cosas ni tan dispares ni, por desgracia, irrealizables, pues es probable que ambos "Justos Sierras", el de tierra y el de mar, le hayan costado al estado aproximadamente lo mismo, y es seguro que, de no haberse permitido el secuestro del primero, los dos le estarían rindiendo a la Universidad idénticos dividendos académicos, científicos y económicos.


Antes de terminar, voy a hacer incapié en lo económico: ni el "Justo Sierra", ni el "Puma" -el otro buque de investigación-se limitan a recibir fondos públicos para financiar su actividad y su mantenimiento, pues, como dice la página oficial del proyecto (http://www.cic-ctic.unam.mx/cic/mas_cic/buques/buques.cfm) "Las embarcaciones son utilizadas para fines de investigación tanto por entidades de la UNAM, como, vía fletamento, por otras entidades y compañías nacionales y extranjeras". Y yo no veo razón alguna para pensar que el auditorio no pudiera hacer lo propio, sin menoscabo de sus funciones institucionales.


Por cierto, hace algunos años la tripulación -no recuerdo de cual barco- se "amotinó" para protestar contra el deseo de ciertos funcionarios de utilizar las naves como yates de lujo para sus "reuniones de trabajo". Por fortuna, la cosa terminó en la recuperación de los navíos para lo que deben de ser usados. Un excelente ejemplo, en mi opinión, para otras indignadas "tripulaciones" universitarias.

viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Y dónde está el problema?

Ése mismo espectro invocado por Marx y Engels (algo así como el dúo Lennon/MacCartney de la izquierda histórica) en el primer párrafo del Manifiesto Comunista (de 1848, imagínese usted) sigue perturbando el sueño de quienes habitan el Auditorio Che Guevara, como lo prueban las mantas, pintas, volantes y mensajes emitidos a través de bocinas que le dan al local su inconfundible carácter "progre", y a través de los cuales los okupas alertan al mundo, en todos los tonos posibles, de la amenaza permanente: El Capitalismo.

Si usted, estimado lector, todavía no ha saltado por la ventana ante la mención de tan terrible villano, o se ha escondido debajo de la mesa a esperar que pase el peligro, le pediremos que nos regale un poco de su valioso tiempo -unos minutos nada más, en lo que el ponche agarra cuerpo- para compartir con usted las siguientes reflexiones.

Es nuestra opinión que el capitalismo es a las sociedades lo que una glaciación es a la geografía del planeta: el resultado inevitable de la suma de un montón de circunstancias que se dan simple y sencillamente porque, como dicen las abuelas, así es como son las cosas. De lo cual se sigue que, siendo razonables, el capitalismo, antes que un "problema", es, más bien, una situación, una realidad, un estado de cosas.

En todo caso, el verdadero problema es encontrar la manera (o maneras) de vivir con la mayor decencia posible en esa situación; lo mismo que nuestros lejanos antepasados tuvieron que aprender el fino arte de confeccionar elegantes abrigos de pieles en lo que el mundo seguía siendo una inmensa pista de patinaje.

Por supuesto, somos perfectamente conscientes de que la okupa no tardará ni diez segundos en acusarnos de hacer una "apología del capitalismo"; pero nada puede estar más lejos de la verdad. Nosotros, como cualquier persona con dos dedos de frente, somos capaces de percatarnos de que, siguiendo con nuestra analogía, el suelo congelado no es la superficie más cómoda para dormir; sin embargo, como hemos venido diciendo, también entendemos que cuando a la Madre Naturaleza le da la real gana colocar medio planeta en el congelador, ni la más detallada relación de agravios conseguirá elevar la temperatura global ni medio grado Celsius.

Y es que la cuestión aquí, hablando ahora sí del capitalismo, es que ni la industrialización, ni la economía de mercado, ni el odiado imperialismo son "decretos" de ninguna moralmente deficiente camarilla de contrahechos potentados: el capitalismo, si es posible decir que es una decisión dependiente de una voluntad, lo es en el sentido de una elección colectiva y la responsabilidad es grupal; es una "determinación" que millones de personas han -mejor dicho, "hemos"- "tomado", y que ha acabado por adoptar la forma que ahora reconocemos en virtud de la acción conjunta de incontables eventos de todo tipo, muchos de ellos -tal vez, incluso, la mayoría- muy conscientes.

Así las cosas, nos parece más adecuado pensar en el capitalismo como una suerte de equilibrio (económico, espiritual, político o lo que a cada quien le parezca más "infraestructural") al que tienden, de manera por demás natural, las "fuerzas sociales" creadas por los seres humanos que pueblan este planeta y viven en esta dimensión.

Ahora bien, así como no existe método climatológico que pueda garantizar que algún día terminará el "paraíso tropical" que se avecina, tampoco hay -hasta donde sabemos- ninguna teoría que haya probado, fuera de toda duda, que el "concierto capitalista" no es de la clase de música que llegó para quedarse.

Todos sabemos que las cosas humanas cambian, y algo hemos aprendido de cómo provocar dichos cambios, pero, si somos sinceros, tenemos que admitir que somos particularmente ineptos en lo referente a dirigir los procesos de cambio (conocidos como "revoluciones" entre los habituales de la peña) y predecir el exacto lugar adonde todo va a acabar.

"Hacer la historia", creemos, es una confección que requiere una buena cantidad de adaptabilidad, y que se sazona con originalidad... y, sobre todo, con cuidado. Es por eso -entre otras cosas- que nos oponemos a los opositores de tiempo completo que viven en el Che y a sus automatizados seguidores: por tratar de hacer pasar por viable lo que sólo sería posible si (si estudiar no costara dinero, si tener dinero no costara trabajo, "si yo fuera mujer", si los elefantes tuvieran alas y escamas rosas, etcétera).

Finalmente, si se nos perdona el exabrupto sentimental, en el mundo, tal cual es, hay mucho espacio para sembrar una buena semilla y esperar que dé mejores frutos, sin necesidad de enterrarse uno mismo en la vieja trinchera, absurda, anacrónica, inútil. Y el Che es una trinchera, una herida abierta en un lugar en el que la vida creadora necesita cada palmo de tierra.

Y ahora sí, querido lector, que disfrute usted su ponche, junto con su bien ganado descanso, y que tenga un próspero año nuevo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La forma pura

Mañana, a las 10 y media, en la Sala Nezahualcóyotl, tendrá lugar la segunda "rectorización" del doctor (léase, "médico general") José Narro. Por ahí nos enteramos que el señor se ocupó de invitar personalmente a todos los que en la UNAM suponen y significan a que adornen (y avalen) con su presencia el magno evento.

Como yo creo que el cinismo no ha llegado a tales extremos, no pienso que vaya a aparecer ningún líder de la okupa ni asambleroffyl reconocido (o reconocible) en las filas de asientos reservados para los convocados selectos; sin embargo, me parece que estos grupos deberían de hacer todo lo posible por enviar una comitiva a demostrar con su presencia, aunque sea desde la gayola, el agradecimiento que deben de sentir por la sabia decisión de la Junta de Gobierno, y su justificadísimo aprecio a la persona del (de) nuevo rector. Agradecimiento y aprecio cuyas razones ya hemos comentado en otras notas.

Y como para demostrar que el mundo está hecho de contrastes, mientras la burocracia universitaria mexicana aprueba la administración de Narro, protector de las muestras de indignación popular, en Estados Unidos otros funcionarios, rectores y alcaldes entre ellos, han empezado a desalojar a sus ocupas de los espacios públicos que decidieron convertir, por espacio de dos meses, en dormitorios al aire libre y centros de convenciones gratuitos.

La "gente", de vez en cuando, se organiza y protesta, con distintos grados de justificación. Uno puede entender eso, e incluso aceptarlo como un ejercicio legítimo del derecho a manifestarse, aun sin compartir las opiniones de los quejosos. Sin embargo, uno también tiene derecho a exigir que los "movimientos" acepten que para todo debe haber límites, o que las autoridades le hagan ver tal necesidad a quienes no les quepa en la cabeza la diferencia entre lo público y lo privado.

Volviendo a la matiné universitaria, me preocupa el hecho de que el momento culminante del evento será, por supuesto, la toma de protesta, ritual a través del cual el rector se compromete, entre otras cosas, a respetar y hacer respetar el reglamento universitario. El problema está en que Narro ya había hecho el compromiso hace cuatro años y, a pesar de eso, el Auditorio Justo Sierra sigue estando ocupado, lo mismo que una infinidad de salones y cubículos, dentro y fuera de Ciudad Universitaria, y los universitarios seguimos siendo víctimas de los caprichos de los activistas, que no pierden oportunidad de decretar paros con pretextos que van desde apoyar a la guerra contra la guerra contra el narco hasta velar el cadáver de un balaceado ¡en las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras! -distinción que, por cierto, no exigieron ni siquiera para su oráculo Miguel Ángel Granados Chapa-.

Así pues, ¿qué razón tenemos para esperar que, 'ora sí, Narro va a tomar en serio el juramento? De por sí, en mi opinión, fue una afrenta reelegir a un sujeto que demostró el poco valor que para él tienen compromisos públicos y reglamentos vigentes, ¿y todavía tenemos que aceptar que la institución se gaste un dineral para organizarle la farsa una vez más? ¿No bastaba con regresarle las llaves de la oficina, y asunto resuelto?

Por lo visto, en México nada tiene más valor político que la protesta hueca y la forma vacía. Eso sí llena auditorios.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¡Tenemos (el mismo) rector!

La blanca columna de humo ha emergido de las profundidades de la Torre de Rectoría, y el cónclave universitario, después de encomendarse a la providencia progresista que vela por los destinos de nuestra máxima casa de estudios, estudiosos y estudiantes, se ha apresurado a pregonar la sorprendente noticia: Narro salió electo, otra vez. Aleluya.

Hermanos: no cuestionemos la decisión, porque es impío pedirle cuentas a la providencia, e inútil oponerse a sus designios inescrutables. Antes, agradezcamos -si somos okupas- que, al menos durante cuatro años más, tendremos un techo sobre nuestras cabezas, y los medios para retribuirle a la sociedad la educación que nos ha dado -gratuita, es cierto, pero que, por burguesa, consecuentes rechazamos-, en forma de guisados de romeritos sin camarones a precios populares; y si somos "asamblerosffyl", roguemos por que el humo de nuestros carrujos -sacrificio de calmante aroma- inunde los recintos sacros del rector, como señal de la inviolabilidad del pacto que ha hecho con los representantes del pueblo que nadie ha elegido (milagro de milagros), en virtud del cual seremos libres, mientras dure su administración, de la tiranía del reglamento universitario y del código penal.

Pero, antes que nadie, si somos trabajadores sindicalizados, entreguemos con fervor nuestros votos para inmovilizar en estática contemplación a nuestro Lider Charro, ungido del Mesías de nombre impronunciable (en asambleas públicas), Candidato Eterno.

Oremos: "Hágase en Ciudad Universitaria -más llena de reliquias que Roma- nuestra sagrada voluntad, y cúmplase la ley, sin faltar un pelo, en los bueyes de mi compadre". Dice la sabiduría popular que "nadie es profeta en su tierra", y por eso, a partir de hoy, Narro Rector será el encargado de salir, una vez más, a catequizar gentiles en todo el país, y allende sus fronteras (por cuenta de la universidad), mientras cada uno de nosotros se ocupa de sus propios asuntos, en santa, justa y digna paz.

Amén.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Se solicita Rector

En próximas fechas se llevará a cabo el proceso de reelección para el cargo de Rector de nuestra casa de estudios. En varias publicaciones periódicas (por ejemplo aquí) se ha criticado la gestión del actual rector de la UNAM, José Narro Robles. No es el objetivo de la entrada de este blog desmenuzar todo lo cuestionable o también los aciertos del actual rector.


Sin embargo es un punto de vista compartido por varios de los que cooperan en este sitio web que un cambio en la manera en que se relaciona la Rectoría con la universidad es muy necesario, siendo que parece (así es, parece, al menos a partir de las múltiples apariciones públicas de José Narro) que nuestro actual rector está mucho más ocupado en opinar sobre temas de la actualidad nacional (seguridad, educación, política) que interesado en realizar los cambios radicales que la institución necesita.


De este modo, nos tomamos la libertad (con permiso del involucrado) de exponer resumidamente cinco puntos que amablemente Camilo Ayala Ochoa compartió con nosotros, como parte de un extenso programa que él preparó para postularse como candidato al cargo de Rector de la UNAM. Cabe señalar que la Junta de Gobierno de la UNAM "no encontró razones" para nombrarlo entre los cuatro candidatos.


Es una lástima, aquí los cinco puntos:


1. Reducción al mínimo del gasto administrativo, nada de gastos personales y mayores recursos a la docencia. Para dar un ejemplo de austeridad renunciaría al salario de rector.  

2. Total transparencia administrativa. Por ejemplo, los concursos de oposición serían públicos y habría auditorías externas. 

3. Permitir la certificación de las actividades universitarias. No es posible que se tenga miedo al examen de Enlace.  

4. Mayor vinculación entre la sociedad y la investigación. Se crearía una oficina dedicada al estudio de necesidades sociales que abrirían líneas de investigación. 

5. Recuperación de espacios tomados por estudiantes, grupos externos a la UNAM y partidos políticos, tales como el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras.

viernes, 12 de agosto de 2011

Una opinión acerca del estado de la cuestión

De ser el auditorio universitario por antonomasia, espacio arquitectónico perfectamente diseñado para llevar a cabo las actividades culturales y académicas propias de esta clase de instalaciones, reconocido incluso a nivel internacional, como elemento integral de un conjunto inscrito en el Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco, el Justo Sierra ha acabado por convertirse en un "guiñol" atiborrado de astrosas marionetas, y en un teatro de sombras, cuyos protagonistas son tan insustanciales como sus ideas y propuestas.

Muchas veces hemos debatido y especulado en este espacio acerca de la identidad de las manos que, invisibles, controlan los hilos que mueven al Che, y proyectan su voluntad sobre sus muros pintarrajeados y en la mentalidad de sus ocupantes y defensores. Es verdad que nunca hemos llegado a un verdadero consenso al respecto; pero hay algunos nombres que destacan por la frecuencia con la que aparecen en nuestras discusiones, como es el caso del hiper-politizado sindicato de trabajadores de la UNAM, o el ala pejista del PRD.

Por supuesto, el sigilo con el que conducen sus "asuntos" estas organizaciones, y la tradicional opacidad de la política universitaria, hacen difícil -si no es que imposible- llegar a determinar con exactitud el grado de complicidad de nuestros sospechosos; pero una cosa es cierta: sin el apoyo de estas corporaciones -y algunos otros actores políticos aliados a ellas- sería imposible explicar la permanencia del despojo.

Claro que los "okupas" siempre han proclamado tanto su independencia material como su autonomía ideológica. No hay nada extraño en ello, al fin y al cabo, se dice que no hay marioneta que no se resista a ser considerada un mero instrumento en manos de una voluntad "superior". Los signos visibles de la actividad de la "okupa", sin embargo, nos hablan de tales grados de apatía, desorganización y esterilidad imaginativa, que sólo la más prejuiciada de las perspectivas podría verlos como el verdadero sostén de su "movimiento".

Con todo, si reflexionamos un poco, aunque estratégicamente quizás fuera útil poder señalar, con pruebas materiales, el origen de sus recursos y la identidad de quienes "tiran la línea", el desconocimiento de estos datos no obstaculiza, en lo más mínimo, nuestra capacidad para presentar un alegato perfectamente argumentado a favor 1) de la recuperación inmediata, no sólo de las instalaciones del Auditorio, sino de todos los espacios ilegalmente enajenados de la UNAM, en sus diversos planteles; y 2) de que se tomen las medidas institucionales necesarias para prevenir futuras privatizaciones.

En esencia, las acciones de la "okupa" no cuentan con ningún respaldo jurídico o reconocimiento institucional que las legitime, fuera de alguna clase de vago principio consuetudinario que yo dudo mucho pueda tener algún valor probatorio. Y aun esto último puede ser desestimado en automático, habida cuenta que los perpetradores han declarado, en múltiples ocasiones, no estar dispuestos a seguir ninguna clase de procedimiento legal para adquirir la legítima -me disculpo por la redundancia- posesión del espacio que han invadido.

En cambio, es sorprendente -por desacostumbrado- el vigor con el cual aprovechan cualquier oportunidad para llevar la discusión al terreno de lo ideológico. Pero esa es otra táctica que tampoco tiene efectividad alguna; en primer lugar, porque la carencia de rigor argumentativo que caracteriza su discurso convierte cualquier intento de debate en un "diálogo mural" (es decir, un ejercicio discusitivo tan constructivo como el "diálogo" que se puede sostener con los ladrillos de una pared). Y, en segundo lugar, porque ellos se han encargado de neutralizar cualquier posibilidad de solución consensuada, al dejar, unilateralmente, fuera de la discusión su "derecho" a hacer lo que se les dé la gana.

Finalmente, quedaría por estimar el verdadero nivel de "aprobación popular" con el que cuenta la "okupa"; mas ésa es otra incógnita imposible de despejar, tomando en cuenta el superlativo grado de resistencia con el que se topa cualquier opinión que no concuerde con el discurso "liberal" -más bien, izquierdófilo y populista- que ha acabado por ser la postura oficial de la UNAM, gracias a gestiones como la del presente rector.

Así las cosas, no queda, en mi opinión, más que seguir insistiendo que esa "anomalía" llamada Auditorio Che Guevara es la prueba de que en la UNAM prima un estado de excepción que dista mucho de ese deseable estado de derecho que tanto dice anhelar la izquierda mexicana, y cuya preservación, al interior de la Universidad, es la obligación de nuestras autoridades.

Y con esa determinación, el tiempo y un ganchito, acabaremos por recuperar para la UNAM lo que, por derecho y justicia -entendida de la manera más constructiva posible-, siempre le ha pertenecido.

viernes, 5 de agosto de 2011

¿Dónde estás que no te veo?

Pregunta la "asambleaffyl", en su artículo de denuncia más reciente: "¿En dónde queda la educación pública y gratuita?", como si de verdad fuera tan difícil localizarla. Tratemos de ayudar a estos desorientados supuestos estudiantes: esa señora por la que tanto se preocupan, hace muchos años que tiene residencia permanente en todas las universidades públicas mexicanas.


Ahí está, y realmente no hay ninguna necesidad de histerizarse pensando que está próximo el día en que la "derecha" va a desalojarla de los recintos que le son propios. Recintos donde a ningún ciudadano se le excluye por razones extra académicas (de ahí lo público de su carácter) y donde, en casos como el de la UNAM, a ningún estudiante inscrito se le cobra un peso por tomar clases (y ya más gratuito que eso creo que no se puede); o, si algo se cobra, son colegiaturas tan inferiores al costo real de los servicios educativos ofrecidos, que hay que ser de a tiro muy "contreras" para no aceptar que se trata de cuotas más bien simbólicas.


Además, si tomamos en cuenta que no hay ley vigente que estipule que la educación universitaria debe ser gratuita en México, entonces hay que aceptar que ese compromiso totalmente voluntario de nuestras instituciones de educación superior por facilitar lo más posible el acceso a sus aulas coloca la aprehensión izquierdista por la "inminente" privatización de la UNAM -por poner un caso- en el mismo rango de probabilidad en que se encuentran las "predicciones mayas".


En resumen, no hace falta buscar mucho para hallar la educación pública y gratuita, y mucho menos se requiere perder el tiempo organizando al pueblo estudiantil para defender un "bastión" que nadie está interesado en reducir a cenizas. En mi opinión, todo este aparato de "resistencia" tiene tanto sentido como pedirle al Congreso que autorice la compra de un portaviones nuclear para proteger el Fuerte de San Juan de Ulúa.

Sin embargo, hay algunos aspectos educativos, de la mayor importancia cuando hablamos de estudios superiores, que no aparecen por ningún lado en la prédica asambleísta. Eso sí, las demandas de todo tipo de "derechos" abundan en sus discursos; "derechos" que, por cierto, suelen referirse a cuestiones materiales (comida barata, copias baratísimas, cubículos gratuitos para sentarse a resolver los problemas mundiales) que, si algo garantizan, es la mayor comodidad de la vida estudiantil; mas nada, absolutamente nada, se propone para asegurar que los cuantiosos recursos públicos que reciben nuestras universidades se traduzcan en resultados académicos de alto nivel.

Ahora bien, si lo pensamos un poquito, a un estudiante universitario consciente no le importa llegar al final de su carrera con el entrañable recuerdo de haber pasado cuatro o cinco años comiendo caliente y viendo cine de arte en un auditorio "liberado", sino salir de la escuela -lo antes posible- contando con el respaldo de una institución seria y reputada, y con la seguridad de que sus denodados esfuerzos intelectuales serán recompensados con un trabajo decente dentro de su campo o una beca decorosa que le permita continuar sus estudios.

Yo soy de los que sostienen la opinión de que, en el mundo académico, pasa con la reputación de la institución como con el dinero, que no comprará la felicidad, pero cómo ayuda. Y lo que hace la reputación de una universidad son cosas como el nivel de aprovechamiento de sus alumnos, la competencia (y competitividad) de sus maestros, la relevancia de sus publicaciones, el eficiente manejo de sus recursos -medido de acuerdo con su capacidad para cumplir con sus objetivos académicos-, y una actividad cultural constante y de calidad.

Es en relación con todo esto que, creo, deberíamos estarnos preguntando dónde queda la educación pública y gratuita, la cual, insisto, no se ha ido ni se irá a ningún lado, como le consta a cualquiera que tenga ojos en la frente. ¿Y cuáles son las respuestas de okupas y asambleros? El culto a la ideología del desayuno escolar y el apoyo a la sobrepoblación de la matrícula.

Para mí que la protesta universitaria adolece de dos graves problemas: ni sabe para qué sirven las buenas universidades, ni tiene la menor idea de cómo funcionan. Más otro, todavía peor: tampoco le interesa saberlo.

jueves, 4 de agosto de 2011

Érase una vez... concierto en el auditorio Justo Sierra

El pasado 6 de julio el tenor mexicano Francisco Araiza fue reconocido con la Medalla de Oro de Bellas Artes que es el máximo galardón que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes. Es difícil para las personas que no estamos inmersos en el ámbito de la música poder apreciar como es debido el mérito y gran trayectoria de artistas como Francisco Araiza.

Francisco Araiza ha participado en conciertos por todo el mundo y es considerado uno de los mejores tenores mozartianos.  En una columna de la revista Proceso, el crítico Mauricio Rábago Palafox escribió:

Lo realizado por Araiza durante los 40 años que lleva ya su carrera es un prodigio en muchos sentidos. Por principio de cuentas tuvo la pericia de saber conjuntar a un grupo de gente que creyó en él y lo apoyó: los maestros Luis Berber, Erika Kubascek e Irma González, el periodista Ricardo Rondón y Carlos Díaz Dupond, hombre muy vinculado a la ópera, y entonces trabajó muy pero muy duro y sin hacer caso de los que opinaban que era imposible lo que trataba de hacer.
 Este importante artista mexicano debutó ni más ni menos que en el Auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras, el 2 de octubre de 1970 interpretando el papel de prisionero en la Ópera Fidelio. Curioso que entre la comunidad universitaria estas cosas se tiendan a olvidar. Hoy luce muy difícil que el auditorio se presenten artistas de esta talla, consagrados; vaya, luce casi imposible que se presenten incluso aquellos que comienzan su carrera. Apenas hace unos meses el célebre Joan Manuel Serrat se presentó en la Facultad de Química en el marco del 95 aniversario de esta institución. Serrat no olvidó su presentación 40 años atrás en CU, también en el Justo Sierra.

Por supuesto, en aquel entonces, cuando Serrat se presentaba en el Justo Sierra y Araiza debutaba en el mismo recinto, no existía la sala Nezahualcóyotl y la sede para la filarmónica de la UNAM era el Justo Sierra. Hoy la sala Neza es el escenario ideal para presentaciones de este calibre, pero esto no inhabilitaba en principio al auditorio de la FFyL para acercar a los universitarios que estudian alrededor del "paseo de las facultades" a importantes eventos artísticos.

Dirán los ocupantes y sus defensores que ahora el escenario es más que un "simple entretenimiento", que ahora ahí se gestan importantes movimientos sociales. Sinceramente soy muy miope y lo único que veo es a un grupo de vagos que han tomado por vivienda y changarro al auditorio (por no mencionar las drogas y el hotel de paso) y un grupo de estudiantes que piensan que con leer los mismos panfletos por medio de los micrófonos de radio-okupación y con pasar el tiempo haciendo mantas y carteles van a cambiar la realidad.

La próxima vez pondré algo acerca de lo que ganamos con el "Che" cuando perdimos al Justo Sierra. A continuación tenemos a Francisco Araiza interpretando Recontida armonia de Puccini:



Y también la famosa y bella Nessun dorma, también de Puccini:



Reportajes que hablan de la medalla otorgada a Araiza:
Recibe el tenor Francisco Araiza la Medalla de Oro de Bellas Artes